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sábado, 9 de mayo de 2020

TIPS PARA QUIENES QUIEREN ORAR 1

Mat 6:5  (NT BAD)  cuando ores, no lo hagas como lo hacen los hipócritas, que se creen más piadosos que nadie porque oran en las esquinas y en la iglesia donde todo el mundo los ve. Te aseguro que, aparte de eso, no tendrán más recompensa 

Para ti que realmente quieres orar… En el tip de hoy te diré 3 cosas sobre la oración.

1.- ORAR NO ACABA CON NUESTRA HIPOCRESÍA (persona que se oculta tras una "máscara" de apariencias
orar para ser admirado no es la idea de la oración

Si descubrimos hipocresía en nosotros al orar es urgente arrepentirnos y convertirnos en personas genuinas delante de Dios desnudando el corazón y orar a Dios con libertad

2.- ORAR NO NOS HACE NECESARIAMENTE MÁS PIADOSOS (compasivo, misericordioso, temeroso de Dios), 

Conozco personas que orar los ha separado de Dios, porque al altivo Dios lo mira de lejos, ¿la piedad es necesaria en la oración?, si. pero no se puede aparentar delante de Dios

Debemos orar consientes de que Dios esta presente, así, podemos ser genuinos, como a el le gusta

3.- ORAR SIEMPRE TIENE RECOMPENSA…
Dios paga bien a los que oran… los hipócritas impíos por ejemplo, obtienen aplauso y admiración de la gente… quizá hasta dinero… pero no mas.





Pero tu, tu que quieres orar, debes saber que todo lo que Dios hace en la tierra lo hace a través de personas genuinas que oran, el que ora no se quedara sin recompensa. 

Dios esta a punto de hacer cosas extraordinarias a través de ti… porque tu eres una persona que esta dispuesta a orar… a orar de verdad.





viernes, 6 de enero de 2017

¿¿¿COMO SE SI ES DIOS QUIEN ME HABLA??? PARTE TRES DE TRES





6. ¿TE TRAE CONVICCIÓN DE PECADO O CONDENA?

La convicción viene de Dios, la condenación viene del diablo. La convicción te señala el camino para que cambies, la condenación te hace sentir mal. Cuando Dios da convicción de pecado en tu vida, es siempre muy específico. Te dice: “Esta es una actitud, una conducta, o algo de tu vida que hay que cambiar”. Es muy específico y pone el dedo en la llaga. “La estás regando aquí”. Es muy específico.

Por otro lado, la condenación que viene del diablo es muy vaga y muy general, y básicamente te dice: “Eres malo; no sirves para nada. No vales un peso. Eres repugnante. Dios nunca te podría usar. Ni siquiera intentes más seguir a Cristo”. Es muy ambiguo.
Así que si tienes un sentido de culpa ambiguo, es condenación. Cuando Dios te habla de algo que debes cambiar en tu vida, es muy específico.
La convicción siempre te lleva a la acción para que cambies; la condenación lo único que hace es hacerte sentir mal. Cuando Dios te habla, te dice: “Esto es lo que anda mal en tu vida y esto es lo que debes hacer”. Te dice cosas específicas. Consecuentemente, eso te lleva a la confesión, al arrepentimiento y luego al perdón, y el sentimiento se va.
Por otro lado, en la condenación el diablo te dice: “No vales nada. ¿Y tú te dices ser cristiano? ¿quién te crees que eres? Deberías dejar de tratar de vivir para Dios porque no puedes hacer nada. Vas de caída en caída”. Satanás siempre te está humillando. La convicción de pecado viene de Dios, del Espíritu Santo. La condenación viene del diablo y debes diferenciar la una de la otra. Hay demasiados cristianos que confunden su baja autoestima con la voz de Dios. Lo que hacen es valerse de la voz de su pasado, de padres difíciles de complacer que, no importa cuánto
esfuerzo hacían, nunca era suficiente. Si te sacabas una nota mala, querían una mejor; te sacabas esa nota mejor y querían una muy buena; te sacabas esa nota muy buena y querían una nota excelente. Esa voz de padres difíciles de complacer que viene de tu pasado, la estás poniendo en boca de tu Padre celestial y crees que Dios está enojado contigo todo el tiempo. No es así. Dios no está esperando la oportunidad de poder darte una paliza.

Muchos creen que para ser espiritual uno debe andar por ahí todo el tiempo diciendo: “¡Me siento tan culpable! ¡Cómo le fallé a Dios!” No, no le fallaste, Él no depende de ti. Tú dependes de Él. Nunca lo decepcionarás a Dios porque Dios ya conoce cada pecado que vas a cometer. Ya lo conoce.
La convicción de pecado que es de Dios nos lleva a la confesión, al arrepentimiento, y al perdón. 1 Juan 1:9 dice: “Pero si reconocemos ante Dios que hemos pecado, podemos confiar siempre en que él, que es justo, nos perdonará y nos limpiará de toda maldad”. Él hace borrón y cuenta nueva. Dios no guarda resentimientos. Por otro lado, si todavía te sientes culpable por algo que ya le admitiste a Dios que estaba mal y le pediste que te lo perdonara y aun sientes culpabilidad después de haberlo confesado, esa culpabilidad no viene de Dios. Es de Satanás. Satanás hace tu pecado más pequeño antes de que lo cometas, “No es para tanto”; y luego que lo haces te dice: “¡Mira lo que hiciste!” Quiere que estés dando vueltas siempre sintiendo culpabilidad porque los cristianos que se sienten así no son útiles para servir a Dios. Lo hace más grande después de que lo confiesas. Si lo has confesado y está perdonado, toda culpa que sientas después de confesarlo no proviene de Dios; es del diablo. Apocalipsis 12:10 dice que Satanás es el acusador de los hermanos, los creyentes. Eso significa que Dios nunca te dice que eres un inútil. Y Dios nunca te dice que no tienes ninguna esperanza. ¿La idea te trae convicción de pecado en lugar de condenación?




7. ¿ME HACE SENTIR LA PAZ DE DIOS?

1 Corintios 14:33 dice: “Dios no es Dios de confusión". Así que si estás confundido, esa confusión no viene de Dios. Quizá venga de ti mismo o de otros, pero no de Dios. Si te sientes presionado y abrumado e impulsado a tomar una decisión precipitada, una decisión de vida importante, y te ves presionado a tomarla, ponlo en duda. Dios no funciona así. No existe ni un solo ejemplo en la Biblia en que Dios diga: “¡Apresúrate!” a una decisión importante. Ni una.
Así que, ponlo en duda. La Biblia dice que Dios es paciente. Dios prefiere que tu decisión sea acertada, no precipitada. Aun decimos eso cuando estás considerando aceptar a Cristo. Tómate tu tiempo y toma la decisión correcta. Yo creo que si escuchas lo que Dios te dice, llegarás inevitablemente a la conclusión de que debes entregar tu vida a Cristo, y vivir la vida como Dios ha querido que la vivas, cumpliendo Su propósito.

Colosenses 3:1 dice: “Que la paz de Dios gobierne en vuestros corazones”. Si de verdad es Dios quien te está hablando y tú crees que esta idea es de Dios, te va a traer paz al corazón. El Espíritu de Dios produce calma de espíritu. La preocupación y la ansiedad nunca son de Dios. Nunca. La Biblia dice: “¡No te preocupes!” ¡Se nos ordena no preocuparnos! Si te viene una idea que te provoca preocupación, ¡no es de Dios! Dios nunca te daría una idea que te dijo que no tuvieras. Debes buscar Su paz.

Yo quiero vivir para Jesús porque Él me ama tanto. Quiero hacerlo, no porque Él me esté castigando y haciéndome sentir mal, sino que lo quiero hacer por la paz que siento cuando estoy relacionado con Dios y por la armonía que existe entre Él y yo.
No hay nada más vital que oír a Dios. ¡Nada! Porque Dios te “armó” y te hizo de manera tal que pudieras tener relación con Él, y si esto te falta, no diste en el blanco del propósito para el que fuiste hecho. No es gran cosa que no entiendas si Dios quiere que compres un tipo de cereal u otro; eso no es de gran importancia. Pero necesitas que Dios te hable sobre muchas otras decisiones importantes de la vida. Y si estás tomando decisiones sin tomarte tiempo para escuchar y decir: “Dios, ¿qué quieres que haga? ¿qué debo hacer ahora?”, y si no haces que otros cristianos confirmen tus decisiones, y si no estás leyendo la Biblia y siguiendo estos siete pasos, tendrás un fracaso tras otro: en tu familia, en tus negocios, como padre o madre, en tus finanzas, en tu salud y en toda otra área de tu vida. Tiene sentido escuchar al Creador.
Es secreto para oír a Dios con claridad es llegar a conocerle más y más cada día. Cuanto más lo entiendes, mejor lo conoces, y más fácil se hace reconocer Su voz en una décima de segundo cuando te habla. Esfuérzate por conocer a Dios más y más cada día.
Quizá tú piensas que nunca oíste a Dios hablarte. Eso es un indicio de que no tienes una relación con Él. Juan 8:47 dice (NVI): “El que es de Dios escucha lo que Dios dice”. La razón por la que no lo escuchas es que no perteneces a Dios. Si nunca lo oíste hablar, significa que debes establecer una relación con Él.





Oración:

Si nunca le has abierto tu vida a Cristo, dile: “Amado Jesucristo, deseo y necesito escuchar tu voz. Necesito saber por qué camino quieres que yo vaya, Dios. Quiero establecer una relación contigo por medio de tu Hijo. Jesucristo, aunque no lo entiendo completamente, te pido que vengas a mi vida, que pongas tus pensamientos en mi mente y tu amor en mi corazón. Ayúdame a comenzar a crecer espiritualmente en Ti. No comprendo muy bien todo esto, pero de acuerdo a lo que sí entiendo, te abro mi vida”.

Otros tienen a Jesucristo en su vida pero hace mucho que no oyen Su voz, porque sus corazones se enfriaron y los oídos se les han tapado. Dios no tiene laringitis. Él sigue hablando todavía. El problema viene de tu lado. Por qué no le dices: “Jesucristo, perdóname por permitir que el pecado se interponga entre Tú y yo. Hay cosas que yo sabía que estaban mal, pero permití que entraran en mi vida. Te pido que me perdones y que me ayudes a hacerle frente a estas cosas para cambiar y enderezar lo que puedo. Quiero oírte a diario. Háblame. Ayúdame a sentir tu amor. Perdóname por las opiniones falsas que tengo

jueves, 29 de diciembre de 2016

COMO ESCUCHAR A DIOS (PRIMERA PARTE)


Dios desea relacionarse contigo. Desea relacionarse en forma personal contigo. No hay relación sin comunicación. Dios ha elegido hablarnos.
Una vez dijo Jesús, en Lucas 8:8: “El que tiene oídos para oír, ¡que oiga!” Abre tus oídos. Debes estar sintonizado para poder oír a Dios hablar.

Quiero aclararles que todo esto es cuestión de actitud mental. Hay cuatro tipos de actitudes, de las cuales dependerá que recibas, o no, el mensaje de Dios con claridad. Esto es algo muy importante. Obviamente, si puedes sintonizar a Dios, Él te guiará y te hará ahorrar mucho tiempo, y evitar que cometas errores; te dará consuelo cuando lo necesites, te guiará, y mucho más.

Jesús contó la historia que se encuentra en Lucas 8:4-15, Había un sembrador que salió a sembrar semillas, y al hacerlo, la semilla cayó en distintos tipos de terreno. Algunas de las semillas caían en buena tierra y otras no. Dice Jesús que estos cuatro tipos de tierra representan cuatro actitudes. No se trata de cuatro tipos diferentes de personas, sino que en realidad todos nosotros hemos tenido estos cuatro tipos distintos de actitud. De cuando en cuando las modificamos
¿Cómo oigo a Dios hablarme?

1. DEBO CULTIVAR UNA MENTE ABIERTA.

Debo esperar ansiosamente que Dios me hable, debo estar a la espera de oírlo. Debo estar listo y dispuesto a escuchar a Dios. muchos dirían: “No recuerdo ni una vez en la vida en que Dios me haya hablado”. No me refiero a una voz audible, sino a un pensamiento o idea que te vino y que supieras que eso sí venía de Dios.




¿A qué se debe esto? Una de las razones podría ser que nunca hayas estado abierto a esa posibilidad. Quizá ni siquiera sabías que era posible que Dios deseara hablarte directamente.
Pensabas que quizá Dios no quería hablarte, y quizá ni siquiera crees en eso. Cuando te cierras mentalmente, es obvio que Dios no puede comunicarse. Este es el primer tipo de terreno. V. 5:
“...una parte cayó junto al camino; fue pisoteada, y los pájaros se la comieron . . . [V. 12] Los que están junto al camino son los que oyen, pero luego viene el diablo y les quita la palabra de su corazón, no sea que crean y se salven”.

En cada granja, en cada campo, había un sendero por el que caminaba el labrador. Al caminar, sembraba la semilla en la tierra que estaba preparada. Los senderos tienen dos características:
Una es que se endurecen por causa de la gente que constantemente camina encima. El suelo se compacta y no es fértil y preparado como el campo. Es duro. La otra característica es que el sendero es angosto. ¿Conoces a alguien que sea así? Gente cerrada y estrecha de mente, con el corazón endurecido. Ni siquiera están abiertos a la posibilidad de que Dios les pueda hablar. Por consiguiente Jesús dice que el labrador siembra semilla pero ésta no penetra a causa de lo duro y compacto del terreno. No echa raíِces, no crece, se queda en la superficie del terreno y las aves vienen y se la comen. Ni siquiera tiene la oportunidad de crecer.

Lo mismo ocurre muchas veces con nosotros. Dios quiere hablarnos pero ni siquiera tiene la oportunidad de hacerlo debido a nuestra mente cerrada, a nuestro corazón endurecido, porque ya hemos tomado una postura, no estamos dispuestos a escuchar, ya hemos decidido qué es lo que vamos a hacer, así que no queremos oír a Dios. Hemos resuelto qué es lo que haremos en esta situación.

¿QUÉ ES LO QUE NOS HACE TENER LA MENTE CERRADA?

1. ORGULLO. El orgullo nos hace tener la mente cerrada. Cuando me digo a mí mismo: “Yo no necesito a Dios. No necesito oírlo. Puedo arreglármelas por mi propia cuenta en esta decisión comercial. . . no necesito a Dios. Yo sé lo que tengo que decirle a mis hijos . . . no necesito a Dios. Yo sé cómo manejar las cosas cuando salga con esa mujer (o con ese hombre) . . . no necesito a Dios. Me puedo sacar una buena nota en el examen sin necesidad de orar”.




Cada vez que optas por no orar con respecto a algo, estás en efecto diciendo: “No necesito a Dios en este asunto. Me las puedo arreglar por mi cuenta. Puedo resolverlo solo. Puedo darle solución yo solo. Puedo arreglármelas con este lío. Puedo corregir este error. Puedo resolver ese conflicto.
No necesito a Dios”. Eso es orgullo. Cuando estoy lleno de orgullo, le cierro la mente a Dios y Él no puede venir a decirme nada porque yo ya lo resolví todo. Así que no oro.

2. TEMOR. A veces tenemos temor de lo que Dios pueda decirnos. ¿Qué pasa si oro o le abro la mente a Dios y me pide que haga algo que no quiero hacer? Quizá me pida algo difícil. Quizá me pida que haga algo que le desagrade a la gente. Quizá me pida que haga algo que yo creo que no puedo hacer o que no deseo hacer. Así que me da miedo. Si permito que Dios me hable, podría convertirme en un fanático, Quizá Dios me termine convirtiendo en un religioso medio loco. Así que me da miedo. Me da miedo perder mi libertad. Me da miedo no poder divertirme más. Me da miedo no sentirme más realizado en la vida. No, Dios, muchas gracias. Entonces me cierro mentalmente. Algunos le cierran la mente a Dios sólo por temor.

3. AMARGURA. Cuando se nos ha lastimado y nos aferramos a las memorias dolorosas, le cerramos la mente a Dios. Comenzamos a decir cosas tales como: “Dios, ¿por qué permitiste esto? ¿Por qué me está ocurriendo aquello? Si eres un Dios tan amoroso y poderoso, ¿por qué sucedió tal cosa?” En la vida nos lastiman y sentimos dolor. Estamos en la tierra, no en el cielo. Dios nos ha dado libertad de elección, es decir que el ser humano tiene la libertad de hacer cosas malas en la vida, y la consecuencia de ello es que hay gente inocente que termina sufriendo. No todo lo que ocurre en este mundo es voluntad de Dios. Dios nos dio libertad de elección y la consecuencia es que hay gente que termina lastimada. Es un hecho que te van a lastimar en la vida. Lo que tú hagas con esas heridas determinará si te convertirás en una persona más amorosa o más amargada. La vida de amargura es una vida desperdiciada. Amargarse y luego aferrarse a las heridas sólo prolonga el dolor. Nuestra tendencia es decir: “Ya que me lastimaron, voy a construir una muralla, voy a levantar una pared a mi alrededor, voy a encerrarme en mi caparazón, y no voy a permitir que nadie se me acerque; ni siquiera Dios mismo, ya que Dios permitió que eso ocurriera”. Comenzamos a culpar a Dios de cosas que los demás nos hicieron. Como consecuencia, cerramos la mente. A menudo, a aquellos a quienes se ha lastimado profundamente les resulta difícil abrir la mente y el corazón a Dios, porque se han guardado muchas cosas adentro y sienten dolor.

Si te han lastimado profundamente, quiero decirte dos cosas:

la primera es que lamento que estés dolido. Lo digo con toda sinceridad. Lamento que estés sufriendo. Dios te acompaña en ese dolor. Llora contigo. Entiende el dolor que has experimentado. Una vez una mujer dijo en un funeral: “¿Dónde estaba Dios cuando mi hijo murió?” Y yo pensé: “En el mismo lugar que cuando Su Hijo murió: en la cruz”. Dios no ha prometido librarnos del dolor. Lamento que estés sufriendo. Dios sufre contigo.

En segundo lugar, quiero decirte que cuando sientas dolor y estés lastimado, no corras, alejándote de Dios. Más bien corre hacia él. Él es quien puede ayudar. Él es quien puede consolar. Él es quien te puede cuidar. Él es quien puede cambiar las cosas. Él es quien trae sanidad a tus emociones y a tu cuerpo y a tu pasado. Ningún otro puede hacer eso. Cuando tu dolor te lleva a escaparte de Dios, te estás escapando de la única persona que puede curar ese dolor. No lo hagas. No te alejes de Él. Vuélvete a Él en tus momentos de crisis. Vuélvete a Él con tu dolor en lugar de guardártelo. Entrégaselo a Él. Nunca permitas que ningún otro ser humano o ninguna otra experiencia bloquee tu relación con Dios. Eso es una tontería. Aun si se trata de personas que dicen ser cristianas y te han lastimado: sí, ellos también te pueden lastimar. Entrega ese dolor a Dios. No te desconectes de Dios porque alguien te hizo algo. Entrégale el dolor a Dios. No le cierres el corazón y no cierres la mente. La tragedia es que ese camino es árido, allí no crece nada, no da ningún fruto. Una vida amarga es una vida que no sirve para nada: sólo prolonga el dolor. Jesús dice que las aves se acercan y se comen la semilla. ¡Ese tipo de vida es un desastre!

Más bien, considera el versículo de Santiago 1:21 “Por lo cual, desechando toda inmundicia y todo resto de malicia, recibid con humildad la palabra implantada [subrayen la palabra “recibid”], que es poderosa para salvar vuestras almas”. Permítele a Dios amarte, baja las defensas y abre la mente.

El primer paso para escuchar a Dios hablar es que debo cultivar una mente amplia.

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