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jueves, 15 de septiembre de 2016

RECICLE SU DOLOR


¿POR QUÉ DIOS PERMITE MI DOLOR?

Habría muchas razones, pero solamente vamos a mencionar cuatro:






1. Él nos ha dado un libre albedrío. Una elección. En Génesis se dice que fuimos hechos a la imagen de Dios. ¿Cómo es usted igual a Dios? Dios nos dio una elección.
Usted puede elegir entre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto, la maldad y la vida. Dios dice que usted puede rechazarlo o aceptarlo. Es su elección. ¿Por qué? Dios no quería un montón de títeres. Él pudo haberlo hecho sin libre voluntad. Pudo haberlo hecho de forma que todos los días se postrara tres veces y orara, que siempre hiciera lo correcto y nunca lo incorrecto. Pero Dios quería personas que le amaran voluntariamente. Usted no puede decir que ama a alguien al menos que tenga la oportunidad de no amarlo. Así que Dios le ha dado una voluntad libre y una libre elección.

Esa voluntad libre no solamente es una bendición sino también una gran responsabilidad, porque algunas veces tomamos decisiones equivocadas y estas causan toda clase de consecuencias dolorosas en nuestras vidas. Por lo tanto, es bueno que sea libre y pueda elegir, pero es malo porque frecuentemente elige lo malo y eso causa dolor en su vida. Puede escoger usar drogas. Si se vuelve adicto, es su culpa. Puede elegir ser un promiscuo sexual, si contrae una enfermedad es su culpa. Dios dice: “Sí, no me gustaría que tuvieras este dolor, pero es parte del paquete que viene con la libre voluntad”.

Dios no solamente le da un libre albedrío, sino que se lo da a todos. Algunas veces alguien no hace lo correcto y usted es dañado como una víctima inocente. Hay personas que han sido dañadas profundamente por un padre, un ex cónyuge, un maestro, un amigo, un pariente. Dios pudo haber evitado que recibiera esa herida. Todo lo que hubiera tenido que hacer era quitarle el libre albedrío a esa persona para que no hiciera lo incorrecto. Pero si él hubiera hecho eso, para ser justo, tendría que haberle quitado
a usted también su libre albedrío. ¿Ve el dilema? El problema es que al tener una voluntad libre somos bendecidos, pero también tenemos una responsabilidad. Y Dios dice: “No voy a pasar por sobre tu voluntad”. Dios no envía a nadie al infierno; usted elige ir allí al rechazar todo lo que él ofrece. Él dice: “Te amo, quiero que seas parte de mi familia”. Pero si usted dice: “Olvídalo Dios”, levanta su nariz y abre la puerta y sale, no puede culpar a nadie más que a usted mismo. Tenemos libre albedrío.


2. Él usa el dolor para atraer nuestra atención. Dios emplea el dolor para atraer nuestra atención. El dolor es una luz de advertencia, una alarma, un timbre. Dice: “Es tiempo, algo está mal”. El problema no es su dolor. Su depresión, su ansiedad, su temor no son realmente su problema. Esos sentimientos son una luz de advertencia que dicen que hay algo más que es en verdad su problema. Son sencillamente un síntoma del mismo. El dolor no hace otra cosa que decir que algo está mal en su vida. El dolor es el megáfono de Dios. Dios nos susurra durante nuestro gozo pero nos grita en nuestro dolor. ¡Despierta! Algo está mal. Proverbios 20:30 dice: “Algunas veces tiene que suceder algo doloroso para cambiar nuestros caminos”. No cambiamos cuando vemos la luz pero sí cuando sentimos el calor.
Pablo dice en 2 Corintios 7:9: “Me alegro; no por la tristeza que les causó, sino porque esa tristeza los hizo volverse a Dios”.


3. Él usa el dolor para enseñarnos a depender de él. Mire el ejemplo de Pablo en 2 Corintios 1:8-10: “Estábamos tan agobiados bajo tanta presión, que hasta perdimos la esperanza de salir con vida ... Pero eso sucedió para que no confiáramos en nosotros mismos sino en Dios ... El nos libró y ... seguirá librándonos”. Usted no sabe que Dios es todo lo que necesita hasta que lo único que le queda es Dios. Cuando lo ha perdido todo y todo se desmorona, no sabe que Dios es todo lo que necesita hasta que se
da cuenta de que él es todo lo que tiene. Y si nunca ha tenido un problema, nunca sabrá que Dios puede resolver sus problemas. Dios permite que el dolor le enseñe a depender de él. El Salmo 119:71 dice: “Me hizo bien haber sido humillado, pues así aprendí tus leyes”. La verdad es que algunas cosas solamente las aprendemos por medio del dolor. Es el único camino por el que aprendemos.


4. Él permite que el dolor me dé un ministerio para otros. Dios permite el dolor en mi vida para darme un ministerio para otros. Me hace humilde, simpático, sensitivo a las necesidades de los demás. De esto trata el Paso 8. Rindo mi vida a Dios para ayudar a otros. (todos los 8 pasos los encuentra en este mismo blog en las ultimas entradas) La verdad es que el dolor prepara para el servicio. 2 Corintios 1:3-4 dice:
“Dios ... nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que con el mismo consuelo que de Dios hemos recibido, también nosotros podamos consolar a todos los que sufren”. En alguna etapa de nuestras vidas, todos necesitamos algún tipo de recuperación:
¿Quién mejor que alguien que ha luchado con el alcoholismo para ayudar a un alcohólico? ¿Quién puede ayudar mejor a alguien que está tratando con el dolor del abuso que alguien que fue abusado? ¿Quién mejor que alguien que ha perdido su trabajo y ha tenido que declararse en bancarrota para ayudar a alguien que también está pasando por esto?
Dios puede usar y reciclar el dolor en su vida para ayudar a otros, pero tiene que estar abierto a eso y ser honesto. Si guarda esa herida que tiene para usted mismo, estará desperdiciando la oportunidad que Dios le ofrece.

¿CÓMO USAR MI DOLOR PARA AYUDAR A OTROS?







Necesita hacer una lista de todas las experiencias que ha tenido en la vida hasta este día, hayan sido buenas o malas, las haya causado usted o no. Una vez hecha la lista, pregúntese: “¿Qué aprendí de esa experiencia? ¿En qué forma me ayudó Dios a pasar por ese tiempo difícil?” Pregúntele a Dios: “¿Cómo me ayudaste durante ese tiempo difícil?” Luego escriba esa historia. ¿Por qué? Porque los pensamientos se ordenan cuando pasan a través de los labios y los dedos. Escríbalo. Luego, pregúntese: “¿Quién se podría beneficiar más al escuchar mi testimonio?” La respuesta es: Las personas que están pasando en este momento por lo que usted ya pasó, las personas que están un poco atrás de usted en el proceso. Y usted le dice a Dios: “Estoy disponible”. Entonces esté listo. Porque si usted está listo a compartir las buenas nuevas de Dios acerca de cómo él ha trabajado en su vida, Dios lo va a usar. Hay personas por
todo este mundo que necesitan escuchar su historia, que están atravesando lo que usted ya experimentó.
Algunas veces Dios quiere que usted tome la iniciativa. Esto se llama intervención.

Gálatas 6:1-2 dice: “Si alguien es sorprendido en pecado, ustedes que son espirituales deben restaurarlo con una actitud humilde. Pero cuídese cada uno, porque también puede ser tentado. Ayúdense unos a otros a llevar sus cargas, y así cumplirán la ley de Cristo”. Esto no es una sugerencia, sino un mandato. Dios no dice, “Sería una buena idea restaurar otros”, sino dice: “Hazlo”. Si usted es un creyente, debe
compartir los problemas y dificultades con otras personas. Repito, es un mandato. Si no lo está haciendo, no está obedeciendo a Dios.
He aquí tres sugerencias para cuando vaya a compartir su historia. Recuerde, usted tiene una historia que contar y Dios no quiere desperdiciar la herida, los problemas que ha tenido:

1. Sea humilde. Todos estamos en el mismo bote. Todos somos compañeros de lucha. Cuando comparte su historia, cuando testifica, es básicamente un mendigo diciéndole a otro mendigo dónde encontrar pan. sea humilde y diga: “Todos estamos juntos en esto; esto es lo que me pasó a mí”.

2. Sea auténtico. Sea honesto con respecto a sus heridas y fallas. Usted ayuda a otros siendo honesto con respecto a sus heridas. Eso les ayuda a ellos para ser francos. Otro aspecto asombroso es que cuando usted comparte su historia, esto le da esperanza a ellos y sanidad a usted.
Cada vez que comparte su historia con alguien, se hace un poco más fuerte. Es sanado un poco más. Comienza a crecer.

3. No dé un sermón. Solamente comparta su historia. Dios desea que usted sea un testigo, no un abogado defensor. No discuta con nadie con respecto al cielo. No obligue a nadie a ir al cielo. Solamente comparta. Es lo que me sucedió a mí.


Deseo desafiarle a dar estos cuatro pasos de acción:

1. Si todavía no ha comprometido su vida con Jesucristo, hágalo hoy. ¿Qué está esperando? La tragedia más grande sería que usted fuera por todo el camino a través de esta serie, escuchara estas grandes verdades y la esperanza que ellas traen, y no hiciera nada al respecto, como cruzar la línea y entregar su vida a Cristo. Si no lo ha hecho, hágalo hoy.

2. Escriba su historia. Dedique algo de tiempo para sentarse y meditar en lo que Dios ha hecho en su vida, en lo bueno, lo malo y lo feo, y en cómo él puede usar eso para ayudar a otros.

3. Comprométase con la familia de alguna iglesia para obtener apoyo. La asistencia no es suficiente para la recuperación. Esta requiere compromiso y requiere relacionarse con otros.

4. Pídale a Dios que le dé a alguien para compartir su historia, alguien a quien pueda contar las buenas nuevas de cómo Dios puede hacer la diferencia en la vida de una persona. El mundo está lleno de gente que necesita su historia, y si no la cuenta, ¿dónde la van a escuchar? Usted es la única Biblia que algunas personas van a poder leer. }





domingo, 11 de septiembre de 2016

MEJORANDO RELACIONES


Primero debo perdonar a los que me han dañado, y segundo,debo hacer enmiendas con las personas que he dañado.
EVALÚO TODAS MIS RELACIONES, OFREZCO PERDÓN A LOS QUE ME HAN DAÑADO Y HAGO ENMIENDAS POR EL DAÑO QUE HE CAUSADO A LOS DEMÁS, EXCEPTO CUANDO AL HACERLO PUEDA DAÑARLOS TANTO A ELLOS COMO A OTROS.
Efesios 4:31-32: “Abandonen toda amargura, ira y enojo, gritos y calumnias, y toda forma de malicia. Más bien, sean bondadosos y compasivos unos con otros, y perdónense mutuamente, así como Dios los perdonó a ustedes en Cristo”.

¿Por qué debería dar este paso y cómo hacerlo?

PERDONAR A LOS QUE ME HAN DAÑADO






¿POR QUÉ?
1. Porque Dios me ha perdonado. Y si Dios me ha perdonado, yo debo perdonar a los demás. Colosenses 3:13 dice: “Que se toleren unos a otros y se perdonen si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes”. Cuando recuerdo cuánto me ha perdonado Dios se me hace muchísimo más fácil perdonar a los demás. Nunca tendrá que perdonar a nadie más de lo que Dios le ha perdonado a usted.

2. El resentimiento no funciona. Es irrazonable, enfermizo, Job 5:2 dice: “El preocuparse hasta la muerte con resentimiento sería algo necio, lo más sin sentido que hacer”. ¿Causa el resentimiento que las personas hagan locuras? Sí, es como dispararse a usted mismo, por lo tanto, dañará a alguien más cuando el arma retroceda. No funciona. Siempre se daña a usted mismo más que a otra persona. Eclesiastés 7:9 (DHH) dice: “No te dejes llevar por el enojo, porque el enojo es propio de gente necia”. El resentimiento no puede cambiar el pasado, no puede corregir el problema, no cambia a la persona, ni tan siquiera daña a la persona, solamente le afecta a usted. Lo hace miserable.
Las investigaciones han demostrado que la emoción más enfermiza que las personas han tenido es el
resentimiento. Tiene consecuencias físicas. Tiene consecuencias emocionales. Puede llevarle a la depresión. Solamente prolonga la herida. Es algo así como un suicidio emocional. Por amor a usted mismo, necesita perdonar a los que le han dañado.

3. Porque necesito perdón en el futuro. Voy a necesitar perdón para el futuro. Marcos 11:25 dice: “Cuando estén orando, si tienen algo contra alguien, perdónenlo, para que también su Padre que está en el cielo les perdone a ustedes sus pecados”. El resentimiento bloquea sentir el perdón de Dios en su vida. La Biblia dice que no podemos recibir lo que no estamos dispuestos a dar.
El perdón es una calle de doble vía. En cierta ocasión, un muchacho se acercó a John Wesley y le dijo: “Nunca podré perdonar a esa persona. Nunca”. John Wesley le replicó: “Entonces espero que nunca peques. Porque todos necesitamos lo que no queremos dar”. No queme ese puente que necesita cruzar.


¿CÓMO?
¿Cómo perdono a los que me dañaron?



1. Revelo mi herida. Lo admito. Lo expreso. Lo afronto. Soy honesto. No puede vencer esto hasta que lo admita... y eso daña. No sé por qué pero no queremos admitir las veces que las personas que amamos nos han dañado. Quizás se deba a que tenemos una mala concepción de que no se puede amar a una persona y molestarse con ella al mismo tiempo. Usted puede.
Entonces ¿qué hacer? Haga una lista de los que le han dañado, lo que dijeron, lo que hicieron, lo que pensaron, y escríbalo, hágalo en blanco y negro para que pueda verlo. Entonces no estará resentido sobre algo confuso, sino sobre algo específico.

2. Libere al ofensor. Eximo a mi ofensor. Lo dejo ir. Dejo de sostenerme en mi herida. ¿Cómo hago eso? Perdonándole.
No espere que le pida perdón. Hágalo ya, sea que le pida perdón o no, porque usted lo está haciendo por su propio bien y no por el de él. ¿Por qué? Porque Dios le ha perdonado, porque usted va a necesitar perdón en el futuro y porque el resentimiento no funciona, solamente lo hace sentirse miserable.
¿Con qué frecuencia tengo que hacerlo? “¿Cuántas veces deberé perdonar a mi hermano, si me hace algo malo? ¿Hasta siete? Jesús le contestó: No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete”. Él está diciendo que el perdonar tiene que ser una actitud continua. El perdón no es algo que se hace una sola vez, El perdón no es algo de un solo tiro. Es una cuestión repetitiva. Debe ser continuo.
¿Cómo saber cuándo se ha soltado a un ofensor por completo? Cuando piense en él y sienta que ya no le duele. Cuando puede pedir que Dios le bendiga.

Cuando libere a un ofensor no siempre es posible, ni tan siquiera aconsejable, que usted regrese a esa persona que le dañó. Las circunstancias de ellos puede que hayan cambiado. Algunas personas han cambiado. Otras se han vuelto a casar. Algunos se han ido a vivir a otro lugar y usted ni sabe dónde están. Otros han muerto. ¿Qué hacer en ese tipo de situaciones? Haga uso de lo que yo llamo la técnica de “la silla vacía”. Consiga una silla y póngala en un cuarto, e imagine que esa persona está en esa silla y diga: “Necesito decirte algo. Así es como me dañaste” y expréselo. “De esta forma me dañaste, de esta otra y de esta otra. Pero quiero que sepas que te perdono porque Dios me ha perdonado y porque el resentimiento no funciona y porque quiero obtener perdón en el futuro. Te libero”.

3. Reemplazo mi herida con la paz de Dios. “Que gobierne en sus corazones la paz de Cristo”. ¿Cómo? “Esto es algo injusto. Si lo perdono quedará sin castigo”. No, no es así. Deje que Dios tome en sus manos la situación. Él puede hacer un trabajo mejor que el suyo. El hecho es que las malas relaciones pueden romper su corazón en pedazos. Simplemente lo pueden destrozar. Pero Dios puede unir esas partes de nuevo y rodearlo y cubrirlo con su paz. Debe liberar a los que lo hirieron para que Dios pueda reparar su corazón.

HACER ENMIENDAS CON LAS PERSONAS QUE HE DAÑADO






Pero este paso cuenta con una segunda parte, porque en la vida no solamente ha habido personas que le han causado daño, sino que usted también ha provocado daño a otros. Por eso la segunda parte de este paso es hacer enmiendas a las personas que ha dañado. ¿Es esto realmente necesario? Absolutamente.

¿POR QUÉ?
Porque las relaciones sin resolver son la raíz de su problema y ellas impiden que suceda la recuperación.
“La razón por la que no puedes vencer ese hábito, ese complejo, ni librarte de esa herida es porque todavía tienes relaciones no resueltas”. Y esas relaciones no resueltas deben ser tratadas si realmente quiere seguir con su recuperación, ser la persona que Dios quiere que sea y disfrutar la clase de felicidad que él suplió para que usted la tuviera en primer lugar en su vida.

¿CÓMO?
¿Cómo hago enmiendas a las personas que he dañado?

1. Haga una lista de las personas a las que ha dañado y lo que les hizo. Quizás usted diga: “No puedo recordar a nadie”. Si es que lo dijo, le voy a poner un par de ejemplos. ¿Hay alguien a quien le deba algo que no le ha pagado? ¿Hay alguien a quien no le ha cumplido una promesa? ¿Hay alguien al que trata de controlar? ¿Su cónyuge? ¿Un hijo? ¿Un hermano? ¿Un empleado? ¿Un amigo? ¿Hay alguien con quien es extremadamente posesivo? ¿Alguien con quien es extremadamente crítico? ¿Ha abusado verbalmente de alguien? ¿O físicamente? ¿O emocionalmente? ¿Hay alguien a quien no ha apreciado o no le ha puesto atención o a quien no le ha recordado un aniversario? ¿Hay alguien a quien le ha sido infiel? ¿Le ha mentido a alguien? ¿Es esto suficiente para comenzar o necesito continuar? Haga una lista de aquellas personas a quienes ha dañado y lo que les hizo.

2. Piense cómo le gustaría que alguien hiciera enmiendas con usted. Lucas 6:31 dice: “Traten a los demás tal y como quieren que ellos los traten a ustedes”. Así que deténgase y piense: “Si alguien llegara y me pidiera disculpas ¿cómo me gustaría que lo hiciera?” Y hágalo de esa manera. Hay tres asuntos que necesita observar:

-. Tiempo. Eclesiastés 8:6 dice: “Hay un tiempo correcto y una forma correcta para hacer todo”. Lo hace de acuerdo con el tiempo de esa persona. No cuando sea el mejor tiempo para usted sino cuando sea el mejor tiempo para ella.

2. Actitud. Tiene que tener la actitud correcta. Efesios 4:15 dice: “Profesando la verdad en el amor”. En privado, con humildad, con sinceridad, simplemente diciendo que lo que hicieron fue incorrecto, No trate de justificar sus acciones. Enfóquese en lo que le corresponde de la situación y no espere nada a cambio por parte de la persona con quien está tratando de hacer enmiendas.
Restituya cuando sea posible. Si le han prestado algo y no lo ha devuelto, devuélvalo. Si le debe a alguien, páguele.
Nota: Entre más seria es su ofensa, menos probable es que pueda restituirla. Lo que tiene que hacer es ir a esa persona en el tiempo correcto, con la actitud correcta, y decirle: “Lo siento, estaba equivocado, no merezco su perdón, pero ¿hay alguna forma en que pueda enmendar mi error?” Y lo deja así.

3. ¿Es apropiado? En algunas situaciones no va a desear volver a estas personas porque eso solamente abriría un gran pote de gusanos y probablemente haría de la situación algo peor. Se podría dañar a alguien inocente. Por ejemplo, no sería buena idea ir donde una antigua novia que ahora está casada. O donde un novio. Usted no querrá hacer eso. En casos como estos, se recomienda el uso de la técnica de la silla vacía. O escribir una carta que nunca va a mandar. Romanos 12:18 dice: “Si es posible, y en cuanto dependa de ustedes, vivan en paz con todos”.

4. Reenfocar su vida. Reenfoque su vida haciendo la voluntad de Dios y comenzando hoy en sus relaciones. He aquí el punto: En tanto usted se enfoque en alguien contra quien tiene algún tipo de resentimiento le está permitiendo a esa persona controlarlo. Algunos de ustedes todavía están permitiendo que personas del pasado les controlen el presente. En tanto sienta resentimiento, ellos le controlarán. Si sigue con ese resentimiento terminará pareciéndose a la persona contra la cual guarda rencor.

¿Cómo lo hace? Job 11:13-16 Note que hay tres pasos para reenfocar su vida:
1. Entregue su corazón. Libere y perdone.


2. Busque a Dios. Reciba a Cristo en su vida. Diga: “Jesucristo, Dios, ven a mi vida”. Busque a Dios. No puede fabricar suficiente perdón para todas las veces que vaya a ser herido en el mundo. Simplemente no lo tiene. El perdón humano se desvanece.
Usted necesita conectarse a Jesucristo para que él le dé diariamente el perdón que necesita para ir soltando cada día y finalmente liberarlo completamente. Busque a Dios y él le dará el perdón que usted pensó que no podía dar.

3. Enfrente al mundo otra vez
. No lo abandone, no se esconda en una concha, tome decisiones, decida vivir, diga: “Ya no soy una víctima”. Y comience a mirar hacia delante.




viernes, 9 de septiembre de 2016

¡¡¡POR MI CULPA!!!






La culpa nos mantiene estancados en el pasado. Nos aleja del crecimiento, de llegar a ser todo lo que Dios quiere que seamos. Si usted va a aprender cómo disfrutar de la vida realmente, tiene que aprender a soltar la culpa. La verdad es que ninguno de nosotros es perfecto, Todos tenemos pecados, todos hemos cometido errores, por lo que todos tenemos algo de que arrepentirnos. Todos tenemos remordimientos. Todos tenemos cosas que desearíamos haber hecho de una manera diferente, pero no lo hicimos.

Si usted realmente se va a recuperar de las heridas, hábitos y complejos en su vida, tendrá que aprender cómo soltar la culpa, cómo vivir con una conciencia clara. La buena noticia es que este paso es la llave que abre la puerta al descanso. Si usted da los pasos del procedimiento que le compartiré a continuación, podrá experimentar lo que el Salmo 32:1-2 dice: “Dichoso aquel a quien se le perdonan sus transgresiones, a quien se le borran sus pecados. Dichoso aquel a quien el Señor no toma en cuenta su maldad y en cuyo espíritu no hay engaño”.


LA RAZÓN PARA DAR ESTE PASO ES LO QUE LA CULPA HACE EN NOSOTROS

1. La culpa destruye mi confianza. La culpa lo hace sentirse inseguro porque siempre está preocupado:
“¿Qué ocurrirá si alguien lo descubre? ¿Qué pasará si alguien realmente sabe la verdad sobre mí? Entonces quizás no les agrade, puede que me rechacen, que no sea tan bueno como les parezco. Obviamente, Dios lo conoce, pero nadie más lo conoce, y eso lo hace llevar un peso muy grande. Y ese peso de la culpa le roba la confianza.

2. La culpa daña completamente mis relaciones. La culpa hace que responda a las personas en forma inadecuada. Nos puede hacer impacientes con otras personas. Puede causar que reaccionemos con ira. La culpa puede causar que consienta y satisfaga a otras personas. “Me siento culpable en esta relación por lo que voy a comprarle muchas cosas”. La culpa puede hacer que evite el compromiso en las relaciones. Muchos de los problemas matrimoniales de hoy en día son causados por cosas que sucedieron anteriormente en el matrimonio y de las cuales el cónyuge se siente culpable. Y tales cosas siguen causando problemas hoy día.

3. La culpa me mantiene estancado en el pasado. Se parece a manejar siempre mirando por el espejo retrovisor. La persona que lo hace terminará chocando. La culpa no puede cambiar el pasado así como la preocupación no puede cambiar el futuro. Lo único que hace es que el día de hoy sea un día miserable. Y además de eso, lo puede enfermar.
Por lo tanto, tiene que saber cómo dar estos pasos.

CÓMO DAR ESTE PASO


1. Hacer un inventario personal y moral. Esto significa que usted se aparta, consigue un lápiz y un cuaderno de apuntes, se sienta y dice: “¿Qué está mal en mí? ¿De qué me he sentido culpable? ¿De qué me he arrepentido? ¿De qué me he sentido resentido? ¿Cuáles son las fallas en mi vida que sé que necesitan cambios?” Y le pide a Dios que le ayude. Le pide que traiga a su mente las cosas sobre las cuales se siente culpable de forma consciente y aquellas otras sobre las que inconscientemente se siente culpable; que no conoce, pero que están arruinando su vida. Lamentaciones 3:40 dice: “Hagamos un examen de conciencia y volvamos al camino del Señor”. Dios dice que necesitamos examinar nuestras vidas y luego orar y pedirle a él que nos ayude. “Señor, estoy sentado aquí, tengo mi lápiz y papel, tú solamente tráelo a mi mente”. Cuando haga este inventario moral, necesitará tomarse su tiempo. No se apresure.
¿Por qué escrito? Porque esto le exige ser específico. Los pensamientos se aclaran cuando se expresan a través de los labios y los dedos. Eso significa que si he pensado en algo y lo puedo decir y lo puedo escribir, lo tengo realmente claro. Si no puedo decirlo o escribirlo, todavía es bastante vago.

2. Aceptar la responsabilidad de mis faltas. Proverbios 20:27 dice: “El espíritu humano es la lámpara de Señor, pues escudriña lo más recóndito del ser”. El obstáculo más grande para la sanidad de mis complejos soy yo mismo. El mayor obstáculo para la sanidad de sus problemas es usted. Comience por ser radicalmente honesto y diga: “El problema soy yo. Si cambiara de amigos, de trabajo, o solamente cambiara de ciudad, de domicilio, todo estaría bien. El único problema es que donde sea que vaya, yo estaré allí. Y seguiría arruinándolo todo”. Por lo tanto, acepte la responsabilidad de sus faltas. No racionalice. No diga: “Sucedió hace mucho tiempo”. “Es solamente una etapa”. “Todos lo hacen”. No lo racionalice. No lo minimice. No diga: “No es para tanto”. Si no es para tanto, ¿por qué todavía lo recuerda luego de veinte años? ¡Y en verdad lo recuerda! No lo niegue. No culpe a otros. No diga: “La culpa es casi toda de ellos”. Puede que sea casi toda de ellos, pero Dios lo hace a usted responsable por el diez por ciento que es culpa suya. Puede que haya sido mayormente la culpa de otros, pero, ¿qué de ese diez por ciento? Admita que lo hizo. Haga un inventario moral y luego examine esa lista y diga: “Sí, ese soy yo. Acepto la responsabilidad de mis faltas”.

3. Pedir perdón a Dios. En 1 Juan 1:9 leemos: “Si confesamos nuestros pecados, Dios, que es fiel y justo, nos los perdonará y nos limpiará de toda maldad”. Si libremente lo admitimos, Dios nos perdonará. ¿Cuál es la forma correcta de pedirle perdón a Dios? ¿Cómo hago esto?

CÓMO OBTENER EL PERDÓN DE DIOS






Primero, no suplique. No tiene que suplicar a Dios que le perdone. De antemano, él quiere perdonarle. Dios quiere perdonarle más de lo que usted desea pedirle perdón.
Segundo, no negocie. No diga: “Si tan solo me perdonas, nunca haré esto otra vez”. Si esa es su área de debilidad, probablemente esté fingiendo. No tiene que negociar con Dios para obtener su perdón.
Tercero, no soborne. No diga: “Dios si me perdonas, te prometo hacer muchas cosas buenas.
Solamente crea. Crea que él le perdonará. Cuando libremente admita que ha pecado, descubrirá que Dios es completamente confiable. Él perdona nuestro pecado y nos limpia completamente de toda maldad.
Lo fundamental para el perdón es que Dios es completamente confiable. Es la naturaleza de Dios. Pero usted dice: “Si hago esa lista, ¡usted no sabe lo que va a estar en esa lista! Y nunca podré ser perdonado por eso”. Pero está equivocado. No hay pecado demasiado grande. Isaías 1:18 (DHH) dice: “Aunque sus pecados sean como el rojo más vivo, yo los dejaré blancos como la nieve”.


4. Admitir mis faltas a otra persona. Dios dice que esto es absolutamente esencial para su recuperación. Santiago 5:16 dice: “Confiésense unos a otros sus pecados, y oren unos por otros, para que sean sanados”. ¿Cómo somos sanados? Admitiendo nuestras faltas unos a otros. ¿Por qué tengo que involucrar a otra persona en esto? Porque la raíz de nuestro problema es relacional. Nos mentimos unos a otros. Nos engañamos unos a otros. Somos deshonestos unos con otros. Nos ponemos máscaras. Pretendemos tener todo bajo control. Pero no es así. Negamos nuestros verdaderos sentimientos y jugamos. Eso nos aísla unos de otros e impide la intimidad.
Terminamos viviendo con vergüenza y eso nos hace inseguros. Pero lo sorprendente de esto es que cuando se arriesga a ser honesto con una persona, de repente este sentimiento de libertad viene a su vida. Se da cuenta de que todos tienen problemas y a menudo tienen los mismos que usted tiene. Usted lo debe admitir a una persona.
Todos necesitan a una persona, una persona en la vida con la que pueda ser totalmente honesto. ¿Por qué? Hay algo terapéutico en esto. Es la forma de Dios para liberarnos. ¿Simplemente salgo y anuncio mis pecados a todo el mundo? No. Decirlo a la persona incorrecta puede ser un gran problema.


¿A quién se lo digo?
1. A alguien en quien confíe. Alguien que pueda mantenerlo en secreto, que no sea un delator y que tenga reputación de ser confiable.
2. A alguien que entienda el valor de lo que está haciendo.
3. A alguien que sea suficientemente maduro y que no se vaya a escandalizar.
4. A alguien que conozca al Señor lo suficientemente bien como para reflejar ante usted su perdón. Puede ser a un pastor, a un amigo cercano en quien confíe o a un consejero cristiano.

¿Qué tengo que decir?

Encuentre un lugar seguro, haga la lista de su inventario moral y diga: “Solamente necesito a alguien que me escuche. Aquí hay unas cosas que sé que están mal en mi vida, esto es lo que he hecho, esto es lo que he sentido. Estos son los hábitos, las heridas, los complejos”.
Recuerde, sea específico. El secreto que más quiera ocultar, ese es el que más necesita revelar, porque es el que le sanará para que pueda así experimentar la gracia de Dios.

¿Cuándo tengo que hacerlo?

Tan pronto como sea posible. No postergue. Quizás todavía no esté listo para dar este paso. Está bien. Usted solamente necesita un poco más de dolor. Luego Dios lo tendrá dispuesto, y una vez que esté preparado, dará este paso. Pero hágalo tan pronto como pueda.


5. Aceptar el perdón de Dios y perdonarme a mí mismo. Romanos 3:23-24 dice:
“Todos han pecado”. Todos estamos en el mismo barco. Nadie es perfecto. Todos hemos estropeado algo. Todos hemos cometido errores. Esto no se trata de que alguien sea más correcto que otro.
Todos tenemos diferentes problemas, solo que en áreas diferentes.

¿Qué sucede cuando doy este paso? ¿Cómo perdona Dios?
1. Dios perdona instantáneamente. No espera. En el momento en que usted da este paso, es perdonado.
2. Dios perdona libremente. Él quita libremente nuestros pecados. Usted no se lo merece, no se lo ganó, no puede trabajar por obtenerlo. Es gratis.
3. Dios perdona completamente. Él lo cancela. “No hay ninguna condenación para los que están unidos a Cristo Jesús”.




martes, 30 de agosto de 2016

EL SILENCIO DE LA BUENA GENTE





En tiempos de gran peligro, cuando Dios ha sido olvidado por los seres humanos, cuando la religión insípida e idolátrica remplazaba a Dios,cuando los principios y valores son ridiculizados y lo que se exalta es la blasfemia, cuando los que servían al Señor, se vendieron al mejor postor, cuando quienes gobiernan ya no buscan el bien de sus gobernados sino que su único objetivo es saciar sus propios deseos egoístas, en tiempos de gran apostasía, cuando el peligro se respira en el fresco de la mañana, pero también en la tibieza de la tarde y la noche es insegura.


En tiempos así, así como estos, vivió hace muchos años Elías, un profeta de Dios impresionante, un hombre valeroso como muy pocos hoy, un hombre que se levantó para ponerse del lado del Señor Dios, y para denunciar la maldad de los que gobernaban y su corrupción y la decadencia moral y espiritual de quienes dirigían el culto. Pero estaba solo, nadie más se levantaba para decir nada, nadie denunciaba el pecado que se había apoderado de la nación. todos parecían idiotizados, muchos sabían lo que estaba pasando y sufrían las consecuencias, la estaban pasando muy mal, había hambre, muertes por todos los lados, un tirano los gobernaba, y aunque es muy posible que en sus casas renegaran de la situación, que les rechinaran los dientes de rabia reprimida, nadie se atrevía a hablar, nadie se levantaba para decir, ¡no más!, ¡basta ya!, tenían miedo, se acobardaron, el terrorismo había entrado en sus corazones y ahora renunciaban a sus creencias, renunciaban a su libertad, acobardados, castrados en su opinión, solo podían repetir lo que los que estaban en el gobierno decían, adorar lo que los que estaban en el gobierno adoraban.





Era tal la situación que Elías se sentía solo, tanto que llego a pensar que nadie más creía en Dios en toda la nación, y se quejó con Dios y le dijo: solo yo he quedado en Israel, pero para sorpresa suya, Dios le respondió " 1 Reyes 19: 18 Y yo haré que queden en Israel siete mil, cuyas rodillas no se doblaron ante Baal, y cuyas bocas no lo besaron". ¿7000? ¿Dónde estaban?, nadie sabía de ellos, Elías se sentía solo, nadie lo alentaba, todos apoyaban lo que les dictaba su cobardía, y los que creían en Dios solo callaban, aumentando el poder del mal.


En algún lugar alguien dijo "Basta que un ejército de gigantes duerma para que un puñado de enanos se levante con la victoria", la mala gente logra, se impone, alcanza y gobierna, porque la buena gente, permanece pasiva, la buena gente no quiere molestar a nadie y termina haciendo mucho mal, día a día se escucha a los buenos quejarse tras bambalinas de la situación pero luego se identifican con los que los oprimen, gente buena, buena gente.

les dejo estas frases para reflexionar.





lunes, 8 de agosto de 2016

PROMESA DE FIDELIDAD


Antes que nada, definamos términos:
PROMESA: es una acción soberana; revela una gran soberanía de espíritu, ya que exige decidir hoy lo que se va a hacer en adelante, bajo condiciones que no se pueden prever. El que promete corre un serio riesgo porque se compromete a actuar de la forma que hoy juzga óptima en situaciones que pueden llevarle a pensar y sentir de modo distinto.




FIDELIDAD: es la capacidad espiritual, el poder o la virtud de dar cumplimiento a las promesas. El que es fiel cumple la promesa a pesar de los cambios en las ideas, las convicciones y los sentimientos, que pudiera provocar el tiempo.

¿Qué es lo que mueve su voluntad a mantenerse fiel? Es la decisión de crear su vida en cada instante conforme al proyecto establecido en el acto de la promesa. También se puede decir que la fidelidad es la capacidad de no engañar, no traicionar a los demás. Es un valor moral que faculta al ser humano para cumplir con los pactos y compromisos adquiridos. La fidelidad es entonces el cumplimiento de la palabra dada.


La fidelidad es primordialmente de una persona a Dios, ese es en sentido original el uso de esta palabra, bajo cualquier circunstancia, en toda etapa de la vida, en todo tiempo, bajo lamas fuerte presión sentimental o de cualquier otro tipo, la fidelidad a Dios es la idea central de fidelidad, no habrá otro Dios, no adorare a nadie mas, nadie ocupara su lugar en mi corazón, nadie recibirá más amor, esfuerzo o sacrificio.


además, la fidelidad se le debe a cada persona a la que se le ha hecho una promesa, las promesas empeñan nuestra confiabilidad, no es confiable el que hace una promesa para salir del paso, en los tiempos bíblicos se usaba el juramento, que es justamente una Promesa para la que se invoca como garantía de cumplimiento a Dios mismo, o a alguien muy importante para el que jura, pero en los países cristianos el uso del juramento lo desautorizo el mismo Jesús, y entonces hacemos promesas, que nos comprometen por entero a quienes las pronunciamos, con aquella persona o institución a la que se las hacemos.


Una de las promesas más importantes es la de el día del matrimonio, allí se hace un pacto ante Dios y las autoridades humanas, por parte de un hombre y una mujer la promesa es de amarse y respetarse y ser fiel, en medio de cualquier situación, hasta que la muerte los separe. con mucha tristeza hay que reconocer que esta promesa, muchos la hacen por salir del paso, por cumplir con un requisito o en un caso aun peor, por conveniencia. a este caso se le considera infidelidad, solamente al adulterio, pero la verdad es que se llama infidelidad en este caso,, a faltar a cualquiera de las promesas que hizo en los votos, prometió respetar, está siendo infiel a la promesa siempre que irrespeta a su cónyuge. (La infidelidad, la mentira, no saber valorarlo(a) ante otros, juzgarlo(a) sin razón aparente, ofenderlo(a) delante de los hijos, inferirle insultos o vejaciones, entre otros).




La promesa incluye "prometo amarte" amor es entrega, el amor a la pareja, solo debe ser superado por el amor a Dios, por lo tanto la entrega del esposo a la esposa, y de la esposa al esposo, debe estar por encima de cualquiera otra persona, ocupación o cosa. el amor se demuestra, y se demuestra con acciones que dignifican y dan honor a la otra persona. Y la promesa de fidelidad además incluye que no habrá adulterio, ni flirteo, ni ningún trato romántico, ni sexual con ninguna otra persona aparte del cónyuge. nada más hermoso que cumplir esta promesa, nada más satisfactorio que darse el uno al otro sin esperar que el otro sea el que aporte, ya hecha la promesa, debe ahora cumplirse, los problemas en el matrimonio, vienen justamente por violentar el pacto, y el adulterio llega por las excepciones que se hacen al pacto.


Sin embargo muchas personas lo que quieren es que el cónyuge les sea fiel y ya, que me haga feliz y ya, que cumpla lo que prometió y ya, en el matrimonio, los que prometieron fueron dos y los dos deben dar todo de sí para que no se llame infidelidad.


Aun mejor es cuando el matrimonio es de tres personas, Dios, y los dos cónyuges, una promesa de fidelidad hasta la muerte, sin Dios es imposible de llevar a buen término sin fallar. Les quiero dejar un poema que me parece supremamente lindo y que tiene mucho que decirte en este tema.






EL corazón humano no tiene la capacidad
de dar el amor que tú necesitas para ser feliz
La limitación del corazón humano es grande
pues él no puede hacer nada por sí mismo ,
el siempre dependerá de otro corazón
que lo ayude y que igualmente
lo guarde para que él pueda ser también feliz,

en esas condiciones el corazón humano
esta siempre sujeto a las limitaciones de otro
a veces hasta más débil y mucho más carente
que nuestro propio corazón,
aumentando así cada vez mas
el circulo vicioso de la infelicidad ,

un carente busca a otro carente ,
un frágil se apoya en otro frágil ,
en la esperanza de que cada uno
le dé al otro la felicidad que ambos no tienen .
El resultado de eso es la caída
pues nos estamos apoyando en algo
sin sustentación en sí mismo

De la misma forma
cuando alguien quiere hacer de nosotros
su fuente de felicidad
colocando en nuestras manos
su enorme necesidad de ser feliz
y nosotros tú y yo
que también estamos necesitando
desesperadamente de felicidad
nos sentimos confusos e impotentes.

Es en ese momento de angustia y soledad
que debemos recordar aquella frase Jesús te ama ¨,
si, Jesús te ama y con un amor que nace
no del corazón humano,
si no del corazón de Dios.
Nadie te puede amar como Jesús te ama,
simplemente porque Jesús no tiene amor,
Él es el amor, el verdadero amor
que no puede ser encontrado en el corazón humano
por qué viene de lo alto,
es espiritual, sobre natural, sagrado.

Jesús no espera ser amado por ti para también amarte ,
Él ya te ama ahora, ayer mañana y siempre ,
su divino amor no establece condiciones
o imposiciones para amarte ,
Jesús te ama como tú eres ,
para El tú no eres feo o lindo ,
grande o pequeño blanco o negro ,
rico o pobre , joven o viejo pues Jesús ,

Jesús no ve tu apariencia pero El ve tu corazón
y es ahí en tu corazón que Él quiere habitar
para lavar tus heridas
sacar toda tu amargura
secar todas tus lagrimas
y limpiar las cicatrices de tu alma
porque tú eres demasiado muy importante para El .

El corazón humano no tiene la culpa por ser limitado
si alguien no te dio la felicidad que tu esperabas
es porque nadie te puede dar aquello que no tiene ,
pero cuando tu aceptes recibir en tu corazón ese amor que perdona ,
ese amor que no cobra , ese amor que da la paz , la alegría ,
tu corazón humano será transformado en un corazón espiritual
pues en el habitara el amor de Jesucristo

entonces tú vas a comenzar a ver a perdonar y amar como Jesús El Señor .
Y finalmente tú vas a encontrar aquello que tanto buscas: la felicidad,
pues solo el amor de Jesucristo tiene la capacidad
de dar todo lo que tú necesitas para ser feliz,
Mira nadie te puede amar como El Señor Jesús te ama .

Poema de: Nelson Ned.