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domingo, 16 de octubre de 2016

EN EL MONTE DE LA CALAVERA


Dios ha proporcionado una solución que resuelve todos nuestros problemas, Podemos proceder de muchos trasfondos diferentes, cada uno de nosotros cargado con su propia necesidad especial, pero para recibir la solución de Dios todos tenemos que abrimos paso al mismo lugar: la cruz de Cristo.
El profeta Isaías setecientos años antes de que sucediera escribió: Isaías 53:6 Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.

He aquí el problema básico y total, de toda la humanidad: nos hemos apartado, cada cual, por nuestro propio camino.
Hay un pecado que todos tenemos esto en común: nos hemos apartado por nuestro camino. Al hacerlo, le hemos vuelto la espalda a Dios. La palabra hebrea que resume esto es avon, que aquí se traduce "pecado". Quizás el equivalente
Más cercano en la lengua contemporánea sería "rebelión"; no contra un hombre, sino contra Dios.

No obstante, ninguna palabra nuestra, ya sea "pecado", "iniquidad" o "rebelión", expresa todo el significado de avon. En su uso bíblico, avon describe no únicamente el pecado, sino también el "castigo" o las "consecuencias malignas" que siguen al pecado.
Esto se aplica al sacrificio de Jesús en la cruz. Jesús no era culpable de pecado alguno. En Isaías 53:9 el profeta dice: Nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. Pero en el versículo 6 dice: Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.
No sólo se identificó Jesús con nuestro pecado, sino que sufrió todas las consecuencias malignas de ese pecado. Como el chivo expiatorio que lo había prefigurado, él se los llevó de modo que jamás pudieran volver sobre nosotros.
He aquí el verdadero significado y propósito de la cruz. En ella tuvo lugar un intercambio ordenado por Dios.





Primero,
Jesús sufrió en lugar nuestro las consecuencias del mal que merecíamos por justicia divina sobre nuestros pecados. Entonces, a cambio, Dios nos ofrece todo el bien que merecía la obediencia sin pecado de Jesús.
En pocas palabras, el mal debido a nosotros cayó sobre Jesús para que, a cambio, el bien debido a Jesús pudiera sernos ofrecido a nosotros. Dios tiene la capacidad legítima de ofrecemos esto sin ceder nada de su eterna justicia, porque Jesús ya ha soportado en favor de nosotros todo el justo castigo debido a nuestro pecado.
Todo esto procede únicamente de la insondable gracia de Dios, y se recibe sólo por fe. Ninguno de nosotros ha hecho nunca algo que merezca semejante oferta, y ninguno de nosotros puede hacer algo jamás para ganarla.

Isaías 53:4-5 revela los primeros dos aspectos del intercambio: Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados.


Segundo,
Hay dos verdades entrelazadas aquí. La aplicación de una es espiritual y la otra física. En el plano espiritual, Jesús recibió el castigo debido a nuestras transgresiones e iniquidades para que nosotros, en cambio, pudiéramos ser perdonados y así tener paz con Dios. (Ver Romanos 5:1.) En el plano físico, Jesús llevó nuestras enfermedades y dolores para que nosotros pudiéramos ser sanados por sus heridas.
La aplicación física del intercambio está confirmada en dos pasajes del Nuevo Testamento. Mateo 8:16-17 se refiere a Isaías 53:4 y dice que Jesús: Sanó a todos los enfermos,' para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: "El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias".
Y también, en 1Pedro 2:24, el apóstoles refiere a Isaías 53:5-6 y dice de Jesús: Quien llevó él mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia; y por cuya herida fuisteis sanados.
El doble intercambio descrito en los versículos anteriores puede resumirse así: Jesús fue CASTIGADO para que nosotros pudiésemos ser PERDONADOS. Jesús fue HERIDO para que nosotros pudiéramos ser SANADOS.


Tercero,
En Isaías 53: 10 se revela un tercer aspecto del intercambio, declarando que el Señor puso el alma de Jesús "en expiación por el pecado". Esto hay que comprenderlo a la luz de los reglamentos mosaicos para varias formas de expiación por el pecado. La persona que había pecado tenía que entregar su ofrenda de expiación -una oveja, un chivo, un toro o algún otro animal- al sacerdote. Debía confesar su pecado sobre la ofrenda, y el sacerdote transfería simbólicamente al animal el pecado que él había confesado. Entonces el animal sería muerto, pagando así el castigo por el pecado que había sido transferido a éste.
En la presciencia de Dios, todo esto estaba diseñado para tipificar lo que sería llevado a cabo por medio de un único sacrificio, suficiente, por completo, ¡de Jesús! En la cruz, el pecado de todo el mundo fue transferido al alma de Jesús. El resultado se describe en Isaías 53: 12: Derramó su vida hasta la muerte.
Por medio de su muerte en sacrificio sustitutivo, Jesús hizo expiación por el pecado de todo el género humano.
En 2 Corintios 5:21 Pablo se refiere a Isaías 53:10 y al mismo tiempo, presenta el aspecto positivo del intercambio:
Al que no conoció pecado [Jesús], por nosotros [Dios] Lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.
Jesús fue hecho PECADO por NUESTROS PECADOS Y nosotros fuimos hechos JUSTOS por SU JUSTICIA.


Cuarto
La muerte que Jesús padeció era el resultado inevitable del pecado humano que él había tomado sobre sí mismo. El cargó el pecado de todos los hombres, y así padeció la muerte merecida por todos los hombres.
A cambio, a todos los que acepten su sacrificio sustitutivo, Jesús ahora les ofrece el don de la vida eterna. En Romano 6:23 Pablo fija las dos opciones, una junto a la otra: Porque la paga [recompensa justa] del pecado es muerte, más la dádiva [no ganada] de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.
Por lo que el cuarto aspecto del intercambio puede resumirse así:
Jesús murió NUESTRA MUERTE para que nosotros pudiéramos compartir SU VIDA.





Quinto,
En 2 Corintios 8:9 Pablo establece otro aspecto más del intercambio:
Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.
El intercambio está claro: de la pobreza a la riqueza. Jesús se hizo pobre para que nosotros, a la vez, pudiéramos ser enriquecidos.
¿Cuándo se hizo pobre Jesús? Algunos lo imaginan pobre durante todo su ministerio en la tierra, pero no es exactamente así. El mismo no llevaba en su persona mucho dinero, pero en ningún momento careció de lo que necesitaba. Cuando envió a sus discípulos delante de él por todas partes, éstos tampoco necesitaron nada (Lucas 23:35). Aunque eran pobres, él y sus discípulos tenía la costumbre de darle a los pobres (Ver Juan 12:4-8; 13:29).
En realidad, a lo largo de su ministerio en la tierra, Jesús ejemplificó exactamente la "abundancia". Él siempre tuvo todo lo que necesitó para hacer la voluntad de Dios en su vida.
Entonces, ¿cuándo fue que Jesús se hizo pobre por nosotros? La respuesta es: en la cruz. En Deuteronomio 28:48 Moisés resume la pobreza absoluta en cuatro frases: hambre, sed, desnudez y necesidad de todas las cosas. Jesús experimentó todo eso a plenitud en la cruz.
El propósito de Dios es que todos sus hijos sean capaces de disfrutar las mayores bendiciones. Él nos provee, por lo tanto, con lo suficiente para cubrir nuestras propias necesidades y algo más para las necesidades de otros.
Este quinto aspecto del intercambio puede resumirse así: Jesús se hizo POBRE con NUESTRA POBREZA para que nosotros pudiésemos ser RICOS con SUS RIQUEZAS.


Sexto,
El intercambio en la cruz cubre también las formas emocionales de sufrimiento que siguen al pecado del hombre. En esto también Jesús padeció el mal para que nosotros en su lugar disfrutáramos del bien. Dos de las más crueles heridas que nos caen encima por nuestro pecado son la "vergüenza" y el "rechazo". Ambos cayeron sobre Jesús en la cruz.
Hablando de Jesús en la cruz, el escritor de hebreos dice: Sufrió la cruz, menospreciando el oprobio. Hebreos 12:2

La ejecución en la cruz era la más vergonzosa de todas las formas de muerte, reservada para la más baja ralea de criminales.
La persona que iba a ser ejecutada se la despojaba de toda su ropa y se dejaba desnuda, expuesta a la mirada curiosa de los transeúntes, que se reían y se burlaban de él. Este fue el grado de vergüenza que Jesús soportó cuando colgó de la cruz (Mateo 27:35-44).
El propósito de Dios es atraer a quienes creen en él para que, en lugar de la vergüenza que Jesús soportó, compartan su gloria eterna. En Hebreos 2:10 el escritor dice: Porque convenía a aquel [Dios]... que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos [o sea, Jesús].
Hay otra herida que es todavía más dolorosa que la vergüenza. Es el rechazo. El rechazo puede ser activo, expresado en formas negativas y ásperas, o puede ser una mera falta de cariño o de demostrar amor y aceptación.
Si una mujer embarazada tiene sentimientos negativos hacia el bebé que lleva en su seno, la criatura probablemente nacerá con un sentido de rechazo... que puede acompañarla hasta la vida adulta e incluso hasta la tumba.
El rompimiento de un matrimonio es otra causa frecuente de rechazo. Esto se describe muy claramente en las palabras del Señor en Isaías 54:6:
Porque como a mujer abandonada y triste de espíritu te llamó Jehová, y como a la esposa de la juventud que es repudiada, dijo el Dios tuyo.

La provisión de Dios para sanar la herida del rechazo está en Mateo 27:46,50, que describe la culminación de la agonía de Jesús: Cerca de la hora novena, Jesús clamó a gran voz, diciendo: "Eli, Eli, ¡lama sabactani". Esto es: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?" Jesús, habiendo otra vez clamado a gran voz, entregó el espíritu.
Por primera vez en la historia del universo, el Hijo de Dios clamó a su Padre y no recibió respuesta.


El relato de Mateo prosigue a continuación: y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo.
Esto demostraba simbólicamente que el camino había quedado abierto para el hombre pecador a fin de que pudiera entrar directamente a disfrutar del compañerismo con un Dios santo. El rechazo que sufrió Jesucristo había abierto el camino para que nosotros fuéramos aceptados por Dios como hijos suyos. Pablo resume esto en Efesios 1:5-6: Habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo, según el puro afecto de su voluntad,... [Dios] nos hizo aceptos en el Amado.

El rechazo de Jesús trajo por resultado nuestra aceptación. Jesús cargó con nuestra VERGÜENZA para que nosotros pudiéramos compartir SU GLORIA. Jesús soportó el RECHAZO que nos tocaba para que nosotros pudiésemos tener la ACEPTACION de él como hijos de Dios.


Los aspectos del intercambio analizados cubren algunas de las más elementales y urgentes necesidades de la humanidad, no hay necesidad surgida de la rebelión del hombre que no quede cubierta por el mismo principio de intercambio:
En Gálatas 3:13-14 Pablo describe el importante aspecto de este intercambio: Cristo nos redimió de la maldición de la ley, hecho por nosotros maldición (porque está escrito: Maldito todo el que es. colgado en un madero) para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por la fe recibiésemos la promesa del Espíritu.

Pablo aplica a Cristo Jesús en la cruz un estatuto de la ley de Moisés, establecido en Deuteronomio 21:23, de acuerdo con el cual una persona ejecutada colgándola de un "madero" (un patíbulo de madera) entraba bajo la maldición de Dios.
Entonces señala al resultado opuesto: la bendición.
No hace falta que un teólogo analice este aspecto del intercambio: Jesús se convirtió en una "maldición" para que nosotros pudiésemos recibir la "bendición".
La maldición que cayó sobre Jesús se define como "la maldición de la ley". La misma incluye todas y cada una de las maldiciones, enumeradas por Moisés en Deuteronomio 28, que se examinaron en el capítulo 4. Cada una de estas maldiciones, cayeron en su plenitud sobre Jesús. Así abrió el camino él para que nosotros obtuviéramos una liberación igualmente plena y disfrutáramos de las correspondientes bendiciones.
Jesús había tomado sobre sí toda consecuencia maligna que la rebelión había traído sobre la humanidad; había agotado toda maldición proveniente de haberse quebrantado la ley de Dios. Todo esto, para que nosotros a su vez, pudiéramos recibir toda bendición derivada de su obediencia. Semejante sacrificio es estupendo por su alcance y maravilloso por su simplicidad.
¿Ha podido aceptar con fe este relato del sacrificio de Jesús y de todo lo que él ha obtenido para usted? En particular, si está viviendo bajo la sombra de una maldición, ¿ha empezado a ver que Jesús, a un costo infinito para él mismo, ha hecho provisión completa para su liberación? Si es así, hay una acción responsiva inmediata que usted necesita tomar; una respuesta que es la más simple y la más pura expresión de la verdadera fe. Es decir: "[Gracias!"

¡Hágalo ahora mismo! Diga: "¡Gracias! ¡Gracias, Señor Jesús, por todo lo que has hecho por mí! No lo entiendo por completo, pero lo creo, y estoy agradecido". Dar gracias es el primer paso para liberarse.



martes, 27 de septiembre de 2016

¿COMO MANEJAR EL ESTRÉS?


Aprendamos del maestro de maestros, Jesucristo, El, constantemente estuvo bajo presión. Sufrió presiones de tiempo; rara vez gozó de privacidad; siempre lo interrumpían; las personas, en repetidas ocasiones, lo malinterpretaron, lo criticaron y lo ridiculizaron. No obstante, al considerar la vida de Cristo, rápidamente descubrimos que permaneció en paz aun bajo presión. Poseía una tranquilidad en su vida que le permitía lidiar con el exceso de estrés. ¿Cómo logró hacer esto con tanto éxito? Él fundamentó su vida sobre las bases firmes del manejo del estrés. Si lográramos entender y aplicar estos principios a nuestras vidas, podríamos experimentar menos estrés y más tranquilidad emocional.

Primera base, IDENTIFÍQUESE: SEPA QUIÉN ES






Jesús declaró: «Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida» (Juan 8:12). «Yo soy la puerta» (10:9); «Yo soy el camino, la verdad, y la vida» (14:6); «Yo soy el buen pastor» (10:11); «Yo soy el Hijo de Dios» (10:36). ¡CRISTO SABÍA QUIÉN ERA! Este es el principio de la identidad. Esto es de suma importancia en el manejo del estrés porque si usted no sabe quién es, otro tal vez se lo dirá, desde su propia perspectiva. Si usted ignora su identidad, permitirá que otros le manipulen y presionen para que sea alguien que no es. Mucho del estrés que experimentamos en la vida viene como resultado de aparentar ser alguien que en verdad no somos.
La primera manera de controlar el estrés en mi vida es adquirir un equilibrio interno en cuanto a lo que soy. Y SÉ QUIEN SOY CUANDO SÉ A QUIÉN PERTENEZCO. Soy hijo de Dios. No fui puesto en la tierra por accidente, sino con un propósito. Dios me ama profundamente. Soy acepto ante Dios. Él tiene un plan para mi vida, y debido a que me creó, soy de mucho valor.
Y como él lo puso aquí, usted es significativo. Para poder lidiar con el estrés, necesita saber quién es usted. Y hasta que logre controlar este asunto, la inseguridad lo va a presionar.

Segunda base, DEDÍQUESE: SEPA A QUIÉN TRATA DE AGRADAR


El segundo principio del manejo del estrés en la vida de Cristo se halla en Juan 5:30: «Yo no puedo hacer nada por mi propia cuenta; juzgo sólo según lo que oigo, y mi juicio es justo, pues no busco hacer mi propia voluntad sino cumplir la voluntad del que me envió». Este es el principio: SEPA A QUIÉN TRATA DE AGRADAR. Usted entiende que no puede agradar a todo el mundo, porque en tanto lo logre con un grupo, otro se disgustará con usted.
Cuando uno no conoce a quién está tratando de agradar, se rinde ante tres cosas: LA CRÍTICA (porque le afecta lo que otros piensen de su persona), LA RIVALIDAD (porque le preocupa que otro le lleve la delantera), y EL CONFLICTO (porque se siente amenazado cuando alguien discrepa de uno). (Mateo 6:33). Esto significa que si me dedico a agradar a Dios, eso simplificará mi vida. Siempre haré lo correcto, a pesar de lo que piensen los demás. Nos encanta atribuirles a otros, la causa de nuestro estrés: «Tú me obligaste...», «Debo...», «Tengo que...» En realidad, hay pocas cosas en la vida (sin mencionar el empleo) que tenemos que hacer. Cuando decimos: «Tengo que hacerlo, «Debo hacerlo», «Necesito hacerlo», realmente estamos diciendo «Escojo hacerlo, porque no deseo pagar las consecuencias», difícilmente podrá alguien obligarnos a hacer algo, de manera que no podemos culpar a otro de nuestro estrés. Cuando nos encontramos bajo presión, decidimos permitir que otros nos presionen. No somos víctimas a menos que permitamos que las exigencias de los demás nos presionen.

Tercera base, ORGANÍCESE: SEPA LO QUE TRATA DE LOGRAR


Aquí tenemos el tercer principio de Jesucristo para lidiar con el estrés: « sé de donde he venido y a dónde voy» (Juan 8:14).
Cristo declaró: «Sé de dónde he venido y a dónde voy». A menos que planifique su vida, y fije prioridades, experimentará la presión de lo que otros consideren importante. Todos los días usted vive de acuerdo a las prioridades o a las presiones. No hay otra opción. O decide lo que es importante para su vida o permitirá que otros se lo dicten. Usted establece las prioridades o vive con las presiones. Es muy fácil actuar bajo la tiranía de la urgencia, Estar ocupado no necesariamente resulta productivo. Organizarse y prepararse adecuadamente le reduce el estrés porque usted está consciente de lo que es, a quién trata de agradar y qué es lo que desea lograr como meta. Fijarse objetivos claros simplifica la vida en gran manera. Dedique unos minutos para hablar con Dios diariamente. Consulte su agenda del día y decida: «¿Realmente querré ocupar un día de mi vida de esta manera? ¿Estaré dispuesto a cambiar estas veinticuatro horas de mi vida en pro de estas actividades?»

Cuarta base, CONCÉNTRESE: ENFÓQUESE EN UNA COSA A LA VEZ





Al menos unas cuantas personas procuraron desviar a Jesús de su plan. Trataron de distraerlo de su meta en la vida. Al amanecer el día, Jesús se dirigía a un lugar para estar solo. Aun allá, la gente lo buscaba y al encontrarlo «procuraban detenerlo para que no se fuera» (Lucas 4:42). Él intentaba irse, pero ellos trataban de hacerlo quedarse. Así respondió Jesús: «Es preciso que anuncie también a los demás pueblos las buenas nuevas del reino de Dios, porque para esto fui enviado» (v. 43). Este es el principio de la concentración. Jesús era prominente en esta área. Por lo visto, todos procuraban interrumpirlo; todos tenían un plan alterno para él. Pero les respondía: «Lo siento, necesito seguir avanzando hacia mi meta». Él persistió en hacer lo que sabía que su Padre le había encomendado: predicar acerca del reino de Dios. Y estaba decidido a lograrlo. Fue persistente. Concentró todos sus esfuerzos en ello. Cuando nos concentramos, resultamos eficientes. Si uno concentra la luz sobre una hoja seca a través de una lupa, la hoja se encenderá en llamas. La luz sin una lupa no tiene efecto, es el vidrio que concentra el haz de luz lo que produce energía. Jesucristo no permitió que las interrupciones le impidieran concentrarse en su meta; no permitió que otros le causaran tensión, estrés o disgusto.

Quinta base DELEGUE: NO LO HAGA TODO USTED MISMO


Un día «subió Jesús a una montaña y llamó a los que quiso, los cuales se reunieron con él» (Marcos 3:13). Designó a doce hombres, a quienes había nombrado apóstoles, para que lo acompañaran y así enviarlos a predicar. En otras palabras, delegó su autoridad.
Use el principio de delegar. ¿Sabe por qué nos ponemos tensos y nos afanamos? Porque creemos que todo depende de nosotros. Aquí estoy, Atlas, cargando con las inquietudes del mundo entero, todos sobre mis hombros. Si por desgracia las suelto, el mundo se desarmará. Pero cuando en verdad lo hago, ¡el mundo no se derrumba! Jesús reclutó y entrenó a doce discípulos para que lo ayudaran con la carga. Delegó su trabajo. Involucró a otras personas. ¿Por qué no delegar el trabajo? ¿Por qué no involucrar a otros? Hay dos razones. La primera es el perfeccionismo. «Si deseo que salga bien hecho el trabajo, tendré que hacerlo yo mismo». Simplemente no tenemos tiempo para hacerlo todo. Es una actitud verdaderamente egoísta la que dice: «Nadie, pero nadie, puede hacer esto como yo». ¿Cree usted que Jesús hubiera hecho un trabajo mejor que aquellos discípulos? Por supuesto que sí. No obstante, les permitió hacerlo a pesar de que él lo habría hecho mejor. Necesitamos dejar que otros cometan algunos de esos errores. ¡No les robe la oportunidad de aprender!

Sexta base, MEDITE: HAGA DE LA ORACIÓN PERSONAL UN HÁBITO


Jesús se levantaba «muy de madrugada, cuando todavía estaba oscuro... y se fue a un lugar solitario» para orar (Marcos 1:35) La oración es un gran aliviante para el estrés. Es una herramienta dada por Dios para dejar salir sus ansiedades. No importa lo atareado que se encontrara Jesús, para él era costumbre pasar tiempo a solas con Dios. Si Jesús apartaba tiempo para la oración cuando se encontraba ocupado, ¡cuánto más será necesario orar para usted y para mí!.
Gran parte de nuestros problemas se origina en nuestra incapacidad para quedarnos quietos. Simplemente no sabemos cómo estar quietos. Casi nadie puede estar sentado en un vehículo, por más de 5 minutos, sin encender la radio. ¿Si usted entra a su casa y se da cuenta que está solo, qué es lo primero que hace? (Probablemente, encienda el televisor.) El silencio nos incomoda. Pero Dios dice: «Quédense quietos, reconozcan que yo soy su Dios» (Salmo 46:10). Una razón por la que muchos no conocen a Dios de una manera personal es que no pueden estar quietos.
Necesitamos empezar nuestras mañanas con oración, tal como lo hizo Jesús, y a lo largo del día hacer una pausa y orar de nuevo, para recargar nuestras baterías espirituales.

Séptima base RECRÉESE: HAGA TIEMPO PARA DISFRUTAR LA VIDA


En cierta ocasión, los doce se reunieron alrededor de Jesus para informarle todo lo que habían hecho y enseñado. Como muchas personas llegaban y se iban, ni siquiera tuvieron oportunidad de comer. Así que Jesús les dijo: «Vengan conmigo ustedes solos a un lugar tranquilo y descansen un poco» (Marcos 6:31). Jesús observó a estos hombres que laboraron duramente sin descanso y dijo: «Ustedes se merecen un descanso hoy. Vamos a descansar. Tomémonos un tiempo de reposo».
Una razón por la que Jesús podía lidiar con el estrés era porque sabía cuándo tomar un descanso. A menudo se dirigió a las montañas o al desierto solo para relajarse. El descanso y la recreación no son opcionales en la vida.
Pablo escribió que Dios ha provisto todo abundantemente para que lo disfrutemos (1 Timoteo 6:17). El equilibrio en la vida es clave para tratar el estrés.

Octava base: ENTRÉGUELE SU ESTRÉS A CRISTO


Jesús dice: «Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma. Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana» (Mateo 11:28-30). Jamás podrá disfrutar de completa paz mental a no ser que tenga una relación con el Príncipe de Paz. Jesús dijo: «Yo les quiero dar descanso. Yo soy el alivio para el estrés. Cristo puede transformar su estilo de vida de uno estresado a otro satisfecho. La raíz principal del estrés proviene de procurar vivir nuestras vidas aparte de aquel que nos creó, de dirigirnos por nuestras propias sendas, y de ser nuestros propios dioses. ¿Qué necesita usted? Si nunca le ha entregado su corazón a Cristo, necesita una transformación. Déle su vida con todo su estrés a él y dígale: «Señor, dame una vida nueva. Reemplaza la presión que experimento con la paz que tú ofreces. Ayúdeme a seguir tus principios para lidiar con el estrés».




lunes, 26 de septiembre de 2016

FUENTES DE FORTALEZA

¿Cómo debemos responder cuando otras personas nos causan problemas? El José del Antiguo Testamento es un ejemplo clásico del sufrimiento provocado por otros, y es descrito en los capítulos 37 al 50 de Génesis. José fue el segundo más joven de doce hermanos. Los hermanos mayores empezaron a envidiar a José por causa del favoritismo de su padre hacia él. Cuando se intensificaron las cosas, los hermanos lo echaron en una cisterna y lo abandonaron para que se muriera. Mas unos mercantes viajeros pasaban por aquel lugar y los hermanos lo vendieron, los mercaderes se lo llevaron a Egipto y lo vendieron como esclavo. Ahora José está en un país extranjero. No conoce a nadie, inicialmente no sabe hablar el idioma, y es esclavo. Y como si eso fuera poco, la esposa de su amo decide seducirlo un día. Después de José negarse, ella lo acusa falsamente de violarla y se lo llevan preso. Sin embargo, fíjese en la actitud de José, mucho años más tarde, al hablar de la situación con sus hermanos, les dice: «Ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó ese mal en bien para lograr lo que hoy estamos viendo: salvar la vida de mucha gente» (Génesis 50:20). En otras palabras: «Ustedes procuraron hacerme daño, pero Dios le dio vuelta al asunto y lo usó para bien en mi vida y en sus vidas y en las de otras personas».

APRENDA DE JOSÉ






¿Cómo logró José perseverar? Debido a tres verdades que reconoció en su vida.

PRIMERO, sabía que Dios ve todo lo que padecemos y se interesa por nosotros. Esto es muy evidente en la vida de José. Él nunca dudó de que Dios viera lo que padecía y que se interesaba por él. Hay una frase muy importante que se halla cinco veces en la vida de José, cada uno después de una crisis mayor o alguna derrota: «El Señor estaba con José».

SEGUNDO que José reconoció fue que Dios le dio a todos libre albedrío. Usted no es un títere o un robot que eleva oraciones a Dios. Él les dio a todos libre albedrío y cuando optamos por ignorar lo que es recto, Dios no impone su voluntad sobre nosotros. Con frecuencia, cuando nos buscamos un problema, culpamos a Dios como si fuera su culpa. Cuando vemos un accidente grave, una tragedia, un problema o crisis, tratamos de aparentar ser muy espirituales diciendo: «Debe ser la voluntad de Dios»; ¡como si él se complaciera en planear errores y tristeza! El hecho es que la voluntad de Dios no se cumple siempre. Cuando decidimos tomar nuestro propio rumbo, él se limita; nos otorga la libertad de escoger mal y traer problemas a nuestras vidas. También les concede a los demás el libre albedrío y a consecuencia de sus errores nosotros podemos salir lastimados. En la situación de José, sus hermanos deliberadamente escogieron conspirar en su contra. Esto fue un pecado, pero Dios lo permitió por que no crea títeres.

TERCERO reconoció que Dios tiene el control absoluto del desenlace final. Él puede tomar nuestros errores y todos los pecados que otros cometen en nuestra contra, darle un giro completo y sacar algo bueno de ello. A pesar de que perdamos batallas una que otra vez, Dios ya ganó la guerra. Nosotros pensamos que todo se nos viene abajo; pero Dios tiene la última palabra. Él decide lo que va a suceder. Considere a José. Estando preso, José entabló una amistad con la mano derecha del Faraón, y cuando este hombre fue instaurado al poder otra vez y el faraón tuvo un sueño, recordó que José podía interpretar sueños. Así fue que lo invitaron al palacio del Faraón; y le dio la interpretación del sueño. El faraón quedó tan impresionado que lo hizo segundo en mando sobre todo Egipto. José pasó de ser esclavo extranjero en una cárcel al segundo líder más importante de Egipto, y de paso salvó a Egipto, además de otras naciones incluyendo a Israel, del hambre. Dios usa aun nuestras malas decisiones y los reveses para voltearlas y sacar algo bueno de ello al final; si se lo permitimos. Por eso José pudo decir, al terminar su vida: «Ustedes procuraron hacerme daño, pero Dios le dio vuelta y lo usó para bien». La única forma en que Dios podía sacar algo bueno era con la perseverancia de José, aun cuando no lo entendiera.

TRATE CON LA ADVERSIDAD


Quizá usted esté atravesando una prueba en este momento. y tal vez sea inocente. Es posible que sea víctima de una situación que no ocasionó. Bueno, considere la reacción de José.

Lo primero que NO hizo fue caer en autocompasión. Ella es una de las causas principales de la depresión. A menudo, cuando nos encontramos en serios problemas, y nuestra autoestima está a niveles bajos, empezamos a culparnos a nosotros mismos, y terminamos echándonos al dolor. José no hizo eso; él no se culpó. La crisis en la que se encontraba no era culpa suya, de manera que consideró la situación de una manera realista. Cuando llega la tormenta a nuestras vidas, la mejor manera de tratar con ella es encararla de frente. Si está en un periodo de desánimo por encontrarse en medio de una prueba, y se está preguntando: «¿Por qué me sucede esto?»; considere lo siguiente: Nunca tome una decisión importante cuando esté deprimido. Con frecuencia, cuando estamos desanimados, tenemos la tendencia a decir: «Mejor renuncio». «Mejor cambio de lugar», «Mejor busco otro empleo», «Mejor me divorcio». Nunca tome una decisión importante si está deprimido porque en ese momento no puede evaluar las cosas con acierto. En lugar de eso, encare la tormenta de frente y no caiga en la autocompasión.

Hay otra cosa José no se entregó a la amargura. Después de muchos años, José se encontró con sus hermanos porque ellos se dirigían a Egipto en busca de alimento. Al entrar a la presencia de José, inclinándose ante el segundo en mando sobre Egipto, no se dieron cuenta de que era el hermano menor. Cuando procuró contarles quién era, ellos se asombraron y se asustaron. Este era el hermano menor al cual, años antes, trataron de matar, y ahora estaban inclinándose ante él. Pero José los perdonó. Él sabía que uno no puede vivir con la carga pesada de la amargura.

¿Qué se debe hacer cuando nos tienta la amargura? Entregársela a Dios. Cuando las cosas andan mal, a menudo rechazamos a la persona que más nos hace falta, al Señor. Cuando el problema llega a la vida de uno, es probable que uno empiece a decir: «Dios, ¿por qué permitiste que esto sucediera?» Quizá uno se rebela en contra de Dios como si fuera culpa suya. Más bien, uno debería decir: «Señor, toma esta dificultad». Dios puede tomar situaciones sumamente malas y darles un giro completo. Aunque las personas usen situaciones para destruirle, Dios puede usarlas para edificarle. A él, le encanta cambiar la crucifixión por resurrección.
La Biblia no solo nos da respuestas a las razones del sufrimiento, pero también nos da ayuda práctica y consuelo cuando experimentamos sufrimiento.
Si aplicamos las siguientes fuentes de fortaleza a nuestras vidas, no habrá situación que nos pueda devastar, ni crisis que pueda derribarnos permanentemente.

La primera fuente de fortaleza: EL PLAN DE DIOS


La primera fuente de fortaleza que vemos en la vida de José es el plan de Dios: «Sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito» (Romanos 8:28). Este versículo NO dice que todo es bueno; hay mucha maldad en este mundo, y la voluntad de Dios no siempre se cumple. Pero la palabra dice que en la vida del cristiano, Dios hace que todas las cosas, aun las malas, obren para bien. Dios no le ha rechazado; él tiene cuidado de sus intereses. Él tomará la situación que esté atravesando, aun la más terrible y la usará para que tenga un buen propósito en su vida. Dios es mayor que cualquier problema al que usted se enfrente. Por supuesto, es difícil ver cómo Dios obra en una situación mala cuando uno está en el medio. Sin embargo, más tarde, al considerar lo acontecido, su perspectiva es mejor y usted puede ver lo que Dios estaba haciendo y la manera en que usó aquella situación de una forma más importante y con mayor propósito para su vida. Pese a lo que suceda, aunque pierda alguna batalla, Dios ya ganó esta guerra y el desenlace está en sus manos. Él puede darle un giro a los fracasos y hacer que obren para bien, si usted se lo permite.

La Segunda fuente de fortaleza LAS PROMESAS DE DIOS


Hay más de siete mil promesas de Dios en la Biblia, y necesitamos empezar a reclamarlas. Son como cheques en blanco; y necesitamos usarlos. Le recomiendo que escoja unos versículos, anótelos en tarjetas con índice, llévelos en sus bolsillos y grábeselos. Un individuo se dedicó a escribir versículos en tarjetas que luego colocaba en el visor de su auto. Cada vez que se detenía en un semáforo, bajaba el visor, leía el versículo y cuando la luz cambiaba, volvía a subir el visor. Se ha memorizado cientos de versículos en sus momentos libres parando en los semáforos sin tener que buscar más tiempo. Quizá usted pueda poner unos en el espejo de su baño. Las promesas de Dios nos dan esperanza, fortaleza y consuelo. La Biblia dice que la Palabra fue escrita para darnos ánimo y esperanza (Romanos 15:4). Lo que necesitamos hacer es leer las promesas de Dios, memorizarlas y reclamarlas en fe. El pueblo de Dios Hay una tercera fuente de fortaleza que nos debe ayudar cuando atravesamos una crisis:

La Tercera fuente de fortaleza: EL PUEBLO DE DIOS.


Nos necesitamos los unos a otros; Dios tuvo como intención que la iglesia fuera un sistema de apoyo firme en la cual nos animemos y nos ayudemos. Sin embargo, no podemos ser un sistema de apoyo si no nos conocemos. Necesitamos unirnos a un grupo de estudio bíblico en la iglesia. Necesitamos encontrar un grupo de personas que se puedan encontrar regularmente, compartir nuestras vidas con ellos y orar juntos. En lo que llevamos esto a cabo, descubriremos que hay otras personas que tienen los mismos problemas que nosotros; gente que nos pueda dar aliciente. La Biblia dice que Dios, con frecuencia, nos permite pasar graves problemas y pruebas intensas, y que luego nos consuela para que un día podamos darles consuelo a otros que están viviendo las mismas situaciones (2 Corintios 13-4). Dios nos usa de esa manera; usualmente trabaja en la vida de la persona a través de otras personas.

La Cuarta fuente de fortaleza: LA PRESENCIA DE CRISTO


la más importante de todas: La persona de Jesucristo. La Biblia dice que él es el Hijo de Dios, que está vivo y que uno puede tener una relación personal con él. hay literalmente millones de personas que son prueba de ello; gente que goza de una relación personal con Cristo. Su presencia nos puede ayudar en cualquier situación. José, en el Antiguo Testamento, fue un ejemplo de lo que Jesucristo hizo en el Nuevo Testamento: El Señor sufrió sin culpa para beneficio de otras personas. José sufrió para que, a la larga, cuando llegara el hambre al Medio Oriente, sus normas con respecto al almacenaje de alimento pudieran salvar a miles de personas de la muerte por inanición. A pesar de ser perfecto y sin culpa, murió sobre la cruz para salvarnos de las terribles consecuencias del pecado.

Dios nos dio libre albedrío, de manera que no puede imponer su voluntad sobre nosotros sin convertirnos en títeres o robots. Vivimos en un mundo donde la gente peca y lastima a los demás. Pero cuando le entregamos nuestras vidas a Cristo y confiamos en él, nos ayuda a superar cada situación y nos da la habilidad para ver cómo va a resolverla al final. La cruz es el máximo ejemplo de personas procurando hacer el mal mientras Dios hace que todo obre para bien y para bendición de la humanidad. Tal vez usted haya sido lastimado por algún familiar, como José: quizá un hermano, una hermana, un padre, un cónyuge, un novio, una novia. Si es así, haga lo que hizo José: No se entregue a la autocompasión o a la amargura. En vez de eso, tome todos los escombros y entrégueselos a Jesucristo. Deje que él saque algo nuevo, refrescante y bello de esa situación fea.

Así que busque el plan de Dios y vea que le da un giro a la situación aun más fea, y lo usa para bien si usted se lo permite. Vuélvase al plan de Dios. Vuélvase a las promesas de Dios. Confíe en ellas. Vuélvase al pueblo de Dios. Únase a una iglesia cariñosa donde sus necesidades sean satisfechas y donde pueda ser usado para satisfacer las de otros. Pero lo más importante es que vuelva a la presencia de Cristo y la permita en su vida. De lo peor, Dios puede sacar lo mejor. Ese es el mensaje de esta historia. Dios puede sacar lo mejor. Muchos cristianos pueden recordar sus vivencias y decir: «¡Verdad que sí! Todo en mi vida se había desmoronado y entonces entregué mi vida a Cristo y él empezó a poner todo en orden de nuevo». Darle la vida a Jesucristo no solo significa que él lo rescatará de la tormenta, sino que le dará el valor y la fortaleza para resistirlo. No todas las cosas obran para bien en la vida de todos en este mundo. Solo obrarán para bien si le damos a Dios los escombros y le entregamos nuestras vidas y entonces él hace que las cosas obren para bien.

¿Así que uno necesita creer en Cristo, tiene que ser cristiano, eso que la Biblia llama «nacer de nuevo»? ¿Qué significa eso? Dos cosas; dos palabras sencillas. Una es arrepentirse y la otra es creer. ¿Qué significa arrepentirse? Simplemente cambiar. Cambiar la manera de ver a Dios y su pecado. Esto lo lleva a dejar las tinieblas y volverse a la luz, dejar la culpa y volverse al perdón, dejar el egoísmo y volverse a Dios. Y entonces, uno debe creer. Usted debe creer que el Hijo de Dios puede perdonar su pecado, que puede hacer de su vida algo mejor, y que quiere obrar en su vida; que tiene un plan para usted y que puede tomar todos los enredos, las malas situaciones, aun sus irritaciones, voltearlas y usarlas para bien en su vida si usted se lo permite. Entonces podrá decir, al recordar sus vivencias: «Ellos procuraron hacerme daño, cuando arremetían contra mí, pero Dios hizo que todo obrara para bien».




viernes, 23 de septiembre de 2016

¿COMO VENCER LA DEPRESIÓN?

La depresión es uno de los problemas más grandes en el mundo actual. Se la ha denominado como la gripe común de las enfermedades emocionales. Todos se deprimen ocasionalmente, pero algunos se encuentran en estado de depresión casi todo el tiempo. Aun los grandes santos se deprimieron, Elías fue un caso particular. Luego de múltiples victorias y milagros impresionantes, acabo con más de 450 profetas del dios pagano Baal, y gano el favor del pueblo, Sin embargo, había una persona a la que no le agradaba Elías, Jezabel, la reina de Israel. Una mujer muy malvada que odiaba al profeta, esta mujer prometió buscar y matar a Elías al precio que fuera (hoy miraremos esta historia en 1 Reyes 19:2 y trataremos de encontrar salida a la depresión con el ejemplo de Elías). Aquí tenemos al Elías que había sido tan valiente y ahora, cuando una mujer lo amenaza, se asusta, sale huyendo al desierto y se deprime (v. 3-5). Se acerca a un árbol, se sienta junto a él y clama a Dios pidiendo la muerte. «Ya he aguantado suficiente, Señor. Toma mi vida. No soy de ninguna manera mejor que mis antepasados». ¿Deprimido como Elías? Elías era un candidato ideal para la depresión. Se encontraba físicamente cansado, emocionalmente exhausto y alguien había amenazado su vida.
¿Por qué nos metemos en semejantes enredos emocionales? Debido al razonamiento errado. El hecho es que nuestras emociones son resultado de nuestros pensamientos. Si piensa de una manera negativa, usted va a experimentar la depresión. Sus emociones son causadas por su forma de interpretar la vida. Si mira la vida desde una perspectiva negativa se va a desanimar. Si desea desechar emociones inadecuadas, tendrá que cambiar su manera de pensar. (Romanos 12:2). La única manera de que puede cambiar su mente y sus emociones es cambiando la manera de pensar. Para superar la depresión, tendrá que corregir sus actitudes incorrectas con respecto a la vida. Si mira las cosas desde la perspectiva correcta, no experimentará depresión. Concéntrese en los hechos, no en sus emociones

¿POR QUÉ SE DEPRIMIÓ ELÍAS?





Porque jugó cuatro juegos mentales que todos jugamos cuando nos deprimimos.
El primero se encuentra en el versículo 3: «Elías tuvo miedo y huyó». Se acercó a un enebro, se sentó junto a él y pidió la muerte. ¿Cuál fue su primer error? El mismo que cometemos cuando nos deprimimos: NOS CONCENTRAMOS EN NUESTRAS EMOCIONES Y NO EN LOS HECHOS. Eso siempre nos sucede cuando estamos deprimidos. Nos enfocamos en cómo nos sentimos en lugar de ver la realidad. Esto se llama razonamiento emotivo, y es destructivo. Es la idea que dice: «Me siento así, de manera que debe ser realidad». Los músicos, los atletas y algunos actores o actrices, para mencionar a varios, sienten que son un fracaso después de alguna presentación. De igual modo, ellos saben que deben aprender a ignorar las emociones porque ellas casi nunca se centran en la realidad. Las emociones nos engañan con frecuencia, de manera que si nos concentramos en ellas en lugar de la realidad, podríamos tener problemas. Por ejemplo, cuando cometemos algún error en un área de nuestra vida, tendemos a creernos un fracaso total. Eso es un concepto erróneo.
La Biblia no dice que nos pongamos en contacto con nuestras emociones sino con la verdad, porque es la verdad la que nos hace libres.

NO SE COMPARE CON OTROS


EL SEGUNDO ERROR QUE COMETIÓ ELÍAS «Ya he aguantado demasiado, Señor. Toma mi vida, porque no soy mejor que mis padres». El segundo error que causa la depresión es que empezamos a compararnos con otros. Cuando usted empieza a compararse con otros, se está buscando problemas. No se compare con nadie más, porque todos somos únicos. Si siempre está imitando a otros y actuando como ellos, se va a deprimir. Caemos en la trampa de compararnos con otros y decimos… Yo debería actuar mejor que él o ella. Yo debería lograrlo. Yo debería dejarlo», ¡como si los látigos verbales nos fueran a motivar!, la autocrítica tampoco funciona.
Otra trampa en que caemos es que cuando experimentamos depresión nos pegamos una etiqueta. En lugar de decir: «Cometí un error», decimos: «Soy un fracaso total». En vez de afirmar: «Ay, me tropecé», decimos: « ¡Qué bruto soy!». Cuando nos ponemos etiquetas, agravamos el problema y empeoramos las cosas.

NO TOME CULPA FALSA


EL TERCER ERROR QUE COMETIÓ ELÍAS fue culparse de todos los hechos negativos que no tuvieron que ver con él. (v. 10). Cuando se hace esto siempre se cae en la depresión. Asumir una responsabilidad que Dios nunca tuvo como intención para nosotros se convierte en una carga demasiado pesada. Si uno tiene el hábito de ayudar a los demás, tarde o temprano, se da cuenta de que no todos reaccionan de la manera que uno quisiera, sean hijos o amistades, el cónyuge o las personas con las que trabaja. Las personas reaccionan de diversas maneras. Uno no puede asumir responsabilidad por sus reacciones. Dios nos dio a cada uno libre albedrío. Cuando usted asume la responsabilidad de las decisiones de otros, toma una carga que le traerá depresión. Uno puede influenciar a otros, pero no controlarlos. La decisión final es de ellos. No se deprima por algo que está fuera de su control.

NO EXAGERE LO NEGATIVO


EL CUARTO ERROR QUE COMETIÓ ELÍAS FUE EXAGERAR LO NEGATIVO. Él dijo: «Yo soy el único que ha quedado con vida, ¡y ahora quieren matarme a mí también! (v.10) El profeta se echó al dolor: «Todos están en contra de mí». El hecho es que no todos eran opuestos a él. Solo una persona estaba en su contra con violencia, y su amenaza realmente no era en serio. Si Elías lo hubiese meditado un poco, en vez de hacerle caso a sus emociones, se habría dado cuenta de que Jezabel no se hubiera atrevido a matarlo. Cierto es que la reina le envió un mensajero con la amenaza diciendo: «Mañana te voy a matar». Pero si Jezabel realmente hubiese querido matar a Elías, no habría enviado al mensajero para advertirle sino a un asesino! Jezabel era demasiado astuta para quitarle la vida a Elías. Ella reconocía su gran influencia. Si él moría, se habría convertido en un mártir. Ella le permitió que huyera al desierto porque no deseaba matarlo sino hacerlo lucir un cobarde ante los ojos de la nación. Cuando estamos deprimidos, exageramos lo negativo. Todo luce mal. Si estamos deprimidos, el mundo entero se echa a perder.

CUIDE SUS NECESIDADES FÍSICAS





¿Cuál fue el remedio de Dios para la depresión de Elías? Es un remedio que usted podrá usar para su propia depresión. PRIMERAMENTE, RESPONSABILÍCESE POR EL CUIDADO DE SUS NECESIDADES FÍSICAS. Leímos que Elías se acostó junto a un árbol y se durmió. (v. 5-8). El remedio inicial de Dios para la depresión de Elías fue descanso, alimento y relajación. En ocasiones, un buen reposo hace maravillas en la actitud de uno. Cuando uno se encuentra exhausto físicamente y mentalmente agotado, es vulnerable a la depresión. Fíjese cuan tierno fue el trato de Dios con Elías. Dios no lo reprendió diciendo: «¡Cobarde! ¿Qué haces aquí en el desierto?» Dios no lo despreció ni lo condenó; sencillamente lo restauró físicamente. Ese fue el punto de partida. Si uno se encuentra deprimido, el primer paso hacia la recuperación es ponerse en forma. Tome cuidado de su salud. Tal vez le sea necesario atender su dieta o dormir un poco más o iniciar un régimen de ejercicios. La salud física ejerce una influencia profunda sobre su ánimo.

ENTRÉGUELE A DIOS SUS FRUSTRACIONES


El segundo remedio para su depresión consiste en entregarle a Dios sus frustraciones. Elías entró a una cueva y paso allí la noche. (v. 9-10) Él simplemente exteriorizó sus sentimientos más profundos. Dios permitió que se desahogara. Dios, en esencia, dice: «Cuando estés frustrado, déjame oír tus emociones. Las conozco de antemano y no me voy a escandalizar por ellas». El Señor permitió que Elías exteriorizara sus emociones reprimidas y no lo criticó ni lo condenó. A veces es provechoso confiarle a un buen amigo cristiano sus sentimientos.
Fíjese en las seis emociones que experimentó Elías. Cuando uno combina el resentimiento, el temor, la culpabilidad, la ira, la soledad y la preocupación, ¡se está buscando la depresión! De modo que Dios dejó que soltara todas estas cosas. Él dijo: «¿Elías, qué es lo que te frustra? ¿Qué te molesta?» Cuando esté deprimido, eso es precisamente lo que debe hacer: Contarle todo a Dios.

ESTAR NUEVAMENTE CONSCIENTE DE DIOS


El tercer remedio para su depresión consiste en estar nuevamente consciente de la presencia de Dios en su vida. El Señor le dijo a Elías: «Sal y preséntate ante mí en la montaña porque estoy a punto de pasar por allí» (v. 11). Dios le recordó a Elías que él aún estaba a su lado.

UN NUEVO RUMBO PARA SU VIDA


El cuarto remedio para superar la depresión está en permitirle a Dios que le dé un nuevo rumbo a su vida. (v. 15). Dios le dio a Elías una misión nueva. Lo puso a trabajar de nuevo. La manera más rápida de superar la depresión consiste en dejar de sentarse en medio de la autocompasión. Deje de fijar sus ojos en sí mismo y empiece a mirar las necesidades de los demás. Deje que Dios le dé una nueva meta y un nuevo rumbo. Él no ha terminado con usted. ¿Le salió mal algún asunto? ¡¿Qué va a hacer?! Si se lo permite, Dios lo levantará y empezará de nuevo. Un error (o cien de ellos) no le hace inútil en la vida. Jesús lo quiere sacar de su depresión. Él le puede ayudar; él le puede cambiar; él puede sanarle de la depresión. Usted no tiene que pasar la vida a merced de sus emociones. Sus pensamientos rigen sus emociones, y usted puede controlar lo que piensa. Puede decidir cambiar sus pensamientos. Deje que Dios cambie esas concepciones erróneas y dañinas como aquella que dice: «Si alguien me critica, significa que no sirvo para nada». «Para sentirme realizado o realizada en la vida, necesito ser amado por todos». «No puedo admitir ninguna debilidad; tengo que ser perfecto o perfecta porque si no soy un fracaso». Estos son el tipo de conceptos equivocados que producen depresión. Jesús conocía la importancia de razonar correctamente cuando dijo: «Conocerán la verdad y la verdad los hará libres» 0uan 8:32). Mientras mejor conozca a Jesús, más libre será.

USTED PUEDE CAMBIAR


Usted puede cambiar. ¿Cómo se empieza? Estableciendo una relación con Cristo. Usted «nace de nuevo», como lo dice la Biblia. Esto no cura toda su depresión de manera instantánea, pero sin Cristo, no hay fuerza para cambiar. Él desea ser una parte vital de su vida, y si le cede el control, él le ayudará. Una vez que esté en su vida, pídale una nueva meta y un nuevo sentido a su existencia. Usted necesita algo más grande por lo cual vivir en lugar de sí mismo. Aquellos que viven para ellos mismos tienen asegurada la depresión. Usted necesita algo mayor que le quite la vista de sí mismo y es una relación vital con Cristo, el Hijo de Dios.



jueves, 22 de septiembre de 2016

COMO ME RECUPERO DEL FRACASO

Un fracaso puede convertirse en un escalón hacia el éxito, esta verdad es más frecuente de lo que nos imaginamos, porque preferimos retirarnos, solamente agachar la cabeza y ocultar las lágrimas, hablar bajo por el taco que sentimos en la garganta, la decepción se convierte en mala consejera, pero es ella la que ahora nos brinda su maloliente abrigo, veamos que le paso a Pedro, a pedro el apóstol, el pescador de galilea que en una noche no pesco nada, casi todos hemos oído hablar de aquella historia pedro está lavando las redes, la decepción lo está envolviendo, y de repente Jesús se le acerca le pide prestada su barca para desde allí predicar un largo sermón y al terminar Jesús le pide a pedro que vuelvan al lugar donde en la noche anterior no han pescado nada, ¿Qué sabia este carpintero de pesca?, el que sabía era pedro, pero Jesús insiste, en que pedro eche su red allí así que pedro exclama “ en tu palabra echaré la red” y en in instante todo cambia, las redes están a punto de romperse por la cantidad de peces que están atrapados en ellas, la historia la puedes leer en el evangelio de san Mateo 5:1-11, ¿qué podemos aprender de esta historia tan particular?

CUANDO NUESTRO MEJOR ESFUERZO NO BASTA





Jesús nunca hizo un milagro sin propósito, siempre lo hizo para ilustrar algún principio.
De vez en cuando aunque hemos puesto nuestro mejor esfuerzo en algo, las cosas no salen como lo planeamos, la vida suele ser dura en muchas ocasiones y viene entonces la tentación de abandonarlo todo, pasa en el matrimonio, en los negocios y en cada área de la vida.
Veamos una comparación entre las dos pescas, era el mismo lago, la misma barca, las mismas redes, los mismos pescadores, pero en la primera pesca, duraron toda una noche en vela y no pescaron nada, en la segunda, unos minutos y el resultado, la mejor pesca de sus vidas, ¿Qué marco la diferencia?
Quiero mencionar que en realidad hay tres diferencias entre una y otra pesca, estas diferencias marcan principios aplicables a la vida de nosotros que producen siempre resultados siempre y cuando se hagan como es debido, porque hemos de entender sin lugar a dudas que Dios esta exageradamente interesado en bendecirnos.

PRIMER PRINCIPIO: APROPIESE DE LA PRESENCIA DE DIOS EN SU VIDA


La presencia de Cristo hizo la diferencia, usted necesita traer a Jesús a su barca, es decir a su vida, este es el punto de partida, no hay ninguna otra cosa que pueda ejercer mayor influencia en su vida que la de vivir con o sin Cristo.
La barca para pedro significaba su sustento, su trabajo, su empresa, ¿tendrá acceso Jesús a su trabajo a lo que usted posee?, para muchos es muy cómodo separar su vida laboral de su relación con Dios, eso impide que Dios bendiga su negocio, su empleo. Dios bendecirá cualquier cosa que usted le dé, ya sea su vida, su familia, su empleo, su negocio etc., lea Mateo 6:33

SEGUNDO PRINCIPIO: COOPERE CON EL PLAN DE DIOS


La segunda vez que los discípulos fueron a pescar, fue bajo la dirección de Cristo, siguiendo sus instrucciones con obediencia, ya tenían la presencia de Dios en su vida ahora debían cooperar con esa presencia, igual funciona para usted o para mí.
La respuesta de pedro a la orientación de Jesús fue la correcta, no argumentó, no criticó, solamente sigue instrucciones, tampoco hizo caso de sus emociones, se imagina usted el cansancio que tendría, pero Jesús le pide ir a aguas profundas, porque así debe ser nuestro andar con Cristo, no en la seguridad humana y la dependencia de nuestras posibilidades,, por eso no le dijo que echara sus redes en la orilla, en lo superficial, sino en mar adentro, allá es donde Dios te quiere llevar en tu relación con él, no tengas miedo de los riesgos que tengas que correr si estas con él, porque su propósito para nosotros es maravilloso.

TERCER PRINCIPIO: ESPERE QUE DIOS ACTÚE


Para recuperarse del fracaso, usted debe anticipar las promesas de Dios en su vida. En el segundo intento de pesca, los discípulos estaban actuando basados en la promesa de Dios para ellos, basados en su palabra.
Cuando usted procura la presencia de Dios en su vida, abraza el plan de Dios en su mente y se apropia de las promesas de Dios en su corazón, no puede fallar, empiece a esperar resultados maravillosos.
Estos tres principios son sencillos y enteramente realizables por todos, pero usted dirá:

¿PUEDE DAR RESULTADO EN MI VIDA?






Usted podrá pensar que esto no es para usted, pero la realidad es que Dios quiere bendecirlo a usted. Si usted está vencido por las circunstancias, déjeme darle un buen remedio, búsquese en su Biblia alguna promesa de Dios y empiece a reclamarla para usted, comience a esperar la promesa de Dios y descubrirá que esa promesa le inyectará nuevas esperanzas en medio de una situación sin esperanza.
El éxito genuino, a menudo empieza al margen del fracaso.
En la historia que estamos tratando Dios bendijo a los discípulos tanto que ahora no podían con tantos peces, y así va a ser para usted cuando usted se apropie de la presencia de Dios en su vida, coopere con el plan de Dios y anticipe las promesas de Dios, entonces será bendecido con más de lo que puede lidiar.
El punto es este, Dios quiere bendecirlo tanto a usted, que usted tenga que compartir sus bendiciones con otros para evitar hundirse, el no solo quiere bendecirlo, sino que quiere bendecir a otros a través de usted.
Pero lo curioso es que cuando estos hombres de la historia, hicieron la mejor pesca de su vida, la dejaron en la playa, y decidieron que era mejor seguir a Jesús, no se quedarían con el milagro, sino que querían al hacedor de milagros

INTÉNTELO DE NUEVO CON JESÚS


Quizá usted se esté sintiendo como aquellos pescadores antes de llegar Cristo, “he trabajado tanto y no veo los resultados”. Esto puede estarse presentando en su matrimonio, su empleo, su economía otra dificultad personal, usted siente que no mejora así que dice ¿para qué seguir intentando? ¿Para qué más esfuerzo?
El que no haya solucionado su problema aun, no significa que no hay solución. A través del fracaso, con frecuencia aprendemos las lecciones que nos ayudan a tener éxito. El mensaje de Dios para usted es este “no te rindas”, hazlo de nuevo, pero esta vez hazlo con Jesús en la barca. El hará la diferencia.




sábado, 17 de septiembre de 2016

COMO ESTAR CONFIADO EN MEDIO DE LAS CRISIS

Hay tres clases de crisis en la vida, las que nosotros mismos nos atraemos, las que Dios provoca, las que otros nos provocan, aquí están resumidas las innumerables posibilidades de crisis, problemas, tormentas en las que nos vemos involucrados, y cuando hablo de “nos vemos involucrados” me refiero a todos, Las tormentas no tienen preferidos, nadie se escapa a ellas, y a nadie le gustaría pasar por las que otro está pasando, cada uno piensa que su crisis es lo peor que le puede pasar a nadie.

¿Cómo conservar la calma y mantener nuestra confianza y valor a pesar de lo que acontezca? Es la pregunta que tratare de responder hoy.

La impaciencia nos produce muy a menudo problemas, existe gente apresurada por cada cosa, personas apresuradas por casarse, por conseguir un empleo, por trastearse, cada uno haciendo su vida lejos de la voluntad de Dios, no consultaron a Dios y se embarcaron rumbo a su propia tormenta,

Comenzare por decir que Hay 3 razones por las que nos metemos entramos en crisis, y esto nos lo enseña nada más y nada menos que una gran experiencia de san Pablo, el apóstol del primer siglo, la historia a la que me refiero es fascinante, la pueden encontrar en Hechos 27

LO PRIMERO QUE LLEVO A PABLO, EL CAPITAN Y LOS QUE VIAJABAN EN AQUEL BARCO A METERSE EN PROBLEMAS FUE EL CONSEJO DE LOS EXPERTOS EQUIVOCADOS


El capitán del barco sigue el consejo del timonel y el patrón en vez del de pablo, el timonel era un experto, pero estaba equivocado, hay muchas ideas locas en el mundo, recetas a millón para adelgazar… la nueva secta de la verdad… cada cosa sale brindando grandes soluciones cada día, parece que todos tienen la razón, la respuesta, la solución.
Algunos se la pasan consultando expertos hasta encontrar al que está de acuerdo con ellos, es hasta gracioso, pero podríamos usar el ejemplo de aquel a quien le gusta el alcohol, va donde el médico, y el médico le dice que el alcohol está acabando con sus riñones y su hígado, pero este hombre quiere una segunda opinión médica, así que busca en otro galeno el consejo, el oro galeno le responde con las mismas palabras, este gustador del alcohol prueba diferentes médicos, hasta encontrar a uno que le dice que no, que el alcohol por el contrario, lo beneficia, así que como eso era lo que quería escuchar, exclama “se los dije, este si es un buen médico, se dan cuenta que mi problema no es el alcohol”. Cuando uno comienza a consultar a los expertos errados está metiéndose en problemas.


LO SEGUNDO QUE LLEVO A PABLO, EL CAPITAN Y LOS QUE VIAJABAN EN AQUEL BARCO A METERSE EN PROBLEMAS FUE EL CONSEJO ERRADO POR VOTACIÓN: V12
La verdad es que la mayoría por lo general se equivoca, de no ser así, las mejores personas serían las que siempre gobernarían los países democráticos, un ejemplo de tantos que encontramos en las sagradas escrituras fue cuando Moisés comenzó a dirigir a Israel, la mayoría quería regresar a Egipto, la mayoría es voluble, solo quieren comodidad de momento, por eso debemos tener mucho cuidado cuando lo que nos guía es solo la bulla, el aplauso, nos estamos metiendo en problemas cuando seguimos las ideas más populares.

LO SEGUNDO QUE LLEVO A PABLO, EL CAPITAN Y LOS QUE VIAJABAN EN AQUEL BARCO A METERSE EN PROBLEMAS FUE EL CONSEJO ERRADO POR LAS CIRCUNSTANCIAS V13
A veces, aparentemente los resultados de guiarnos por las circunstancias, parecen funcionar, como en la historia que estamos refiriendo, los tripulantes pensaron que habían obtenido lo que querían porque las circunstancias les lucían favorables, pero es una locura ignorar lo que Dios dice aun si las circunstancias parecen contradecirlo, las circunstancias pueden estar bien en este momento y realmente estar navegando hacia la tormenta.
El adagio popular dice: como puede estar mal si se siente tan bien

Lo típico en las crisis es cometer exactamente los mismos tres errores de los navegantes, dejarse guiar delos expertos equivocados, pensar que por ser la mayoría entonces tienen la razón, y simplemente hacer caso de las circunstancias y hacer depender de ellas hasta nuestro estado de ánimo.

Qué hacer entonces:


PRIMERO NO SE DEJE LLEVAR A LA DERIVA (LEER LOS VERSICULOS 15 Y 17 DE HECOS 27)
Que no nos dejemos a la suerte, que la vida no se convierta en lo que cada día traiga con él, jamás dejemos nuestras metas, nunca olvidemos nuestro rumbo, por ningún motivo abandonemos nuestros valores de ninguna manera permitamos que lo que sea que pase no haga permanecer a la deriva, de esa manera nos echamos a perder, llevados de aquí para allá, las olas nos echan de un lado para otro, a donde ellas quieran. Parece firme frente a las circunstancias de la vida, luche, crea que Dios está de su lado.

NO DESCARTE COSAS IMPORTANTES DE SU VIDA (LEER LOS VERSICULOS 18-19, 38, 43-44 DE HECOS 27)
En medio de las tormentas a menudo descartamos los valores que abrazamos en tiempos mejores, vendemos integridad, le ponemos precio a los principios, se olvidan los códigos personales, ahora al estar bajo presión queremos deshacernos de todo, abandonamos los sueños, acabamos relaciones, descartamos valores que aprendimos en la niñez

NO SE DESESPERE (LEER LOS VERSICULO V20 DE HECOS 27)
Cuando la crisis es muy aguda llegamos a la desesperación y hasta perdemos la esperanza, la esperanza es lo último que perdemos, y cuando lo hacemos fracasamos.
Los personajes de la historia en la que nos estamos fijando duraron 14 días en la oscuridad y bajo una tormenta, tal vez usted este así ahora, quizá el problema lo ha echado de un lado para otro y hasta ya ha botado todo o gran parte, y hasta quizá ya ha llegado al punto de la desesperación. Sin embargo usted recuerde a los navegantes, ellos perdieron la esperanza porque olvidaron que Dios tiene el control, que tiene un plan y que puede inyectarnos esperanza en medio de lo que sea.

COMO REACCIONO PABLO?:

¿Por qué pablo era tan confiado?, porque recibía animo de tres grandes anclas, de las que estaba realmente convencido. ”Temiendo que fuéramos a estrellarnos contra las rocas, echaron cuatro anclas por la popa y se pusieron a rogar que amaneciera” (v. 29).


LA PRIMERA ANCLA EN LA CRISIS ES ESTAR SEGUROS DE LA PRESENCIA DE DIOS. En medio de la tormenta, Pablo afirma: «Anoche se me apareció un ángel del Dios a quien pertenezco y a quien sirvo» (Hechos 27:23). Las tormentas nunca podrán ocultar nuestros rostros del señor, quizá no lo veamos pero él nos ve a nosotros, él está a nuestro lado he 13:5; mar 28:20; juan 14:16, nunca atravesamos nada solos porque él está con nosotros






LA SEGUNDA ANCLA EN LA CRISIS ES TENER UN SENTIDO DE DESTINO Y ENTENDER EL PROPÓSITO DE DIOS.
Hechos 27:24, Pablo cita al ángel de Dios: «No tengas miedo, Pablo. Tienes que comparecer ante el emperador; y Dios te ha concedido la vida de todos los que navegan contigo». Dios le había dicho a Pablo: «Tengo un plan para tu vida. Y es que vayas a Roma. Estás a bordo de este barco porque tengo un propósito para tu presencia en esta nave. Vas a predicar en la corte de César; y tengo un propósito para tu vida que es mayor que la tormenta momentánea en la que te hayas».
Cada cristiano debería tener un sentido de destino, nadie realmente nace por casualidad. Las tormentas son reveses temporales, debemos entender de una vez por todas que nada puede cambiar el máximo propósito de Dios para su vida, a menos que escoja desobedecerle. RECUERDE QUE el propósito de Dios es mayor que cualquier situación que usted jamás experimente: Dios tiene con usted un plan que supera lo que sea que usted esté pasando en estos momentos

ES PELIGROSO CONCENTRARSE MAS EN EL PROBLEMA QUE EN EL PROPOSITO DE SU EXISTENCIA, Si lo hace estará flotando a la deriva y arrojando todo por la borda


LA TERCERA ANCLA ES CONFIAR EN LAS PROMESAS DE DIOS. Versículo 25, donde Pablo afirma: «Así que ¡ánimo, señores! Confío en Dios que sucederá tal como se me dijo».
Permítame decirle esto de parte de Dios: tal vez pierda los aparejos, tal vez incluso el barco, aun hasta quizá se moje un poco, pero Ud. Va a vencer gracias a las promesas de Dios, él dijo, yo lo creo y punto, así que tenga confianza, este tranquilo en medio de la crisis

Y UN CONCEJO DE ORO, ORE MIENTRAS ESPERA HECHOS 27:29




jueves, 15 de septiembre de 2016

RECICLE SU DOLOR


¿POR QUÉ DIOS PERMITE MI DOLOR?

Habría muchas razones, pero solamente vamos a mencionar cuatro:






1. Él nos ha dado un libre albedrío. Una elección. En Génesis se dice que fuimos hechos a la imagen de Dios. ¿Cómo es usted igual a Dios? Dios nos dio una elección.
Usted puede elegir entre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto, la maldad y la vida. Dios dice que usted puede rechazarlo o aceptarlo. Es su elección. ¿Por qué? Dios no quería un montón de títeres. Él pudo haberlo hecho sin libre voluntad. Pudo haberlo hecho de forma que todos los días se postrara tres veces y orara, que siempre hiciera lo correcto y nunca lo incorrecto. Pero Dios quería personas que le amaran voluntariamente. Usted no puede decir que ama a alguien al menos que tenga la oportunidad de no amarlo. Así que Dios le ha dado una voluntad libre y una libre elección.

Esa voluntad libre no solamente es una bendición sino también una gran responsabilidad, porque algunas veces tomamos decisiones equivocadas y estas causan toda clase de consecuencias dolorosas en nuestras vidas. Por lo tanto, es bueno que sea libre y pueda elegir, pero es malo porque frecuentemente elige lo malo y eso causa dolor en su vida. Puede escoger usar drogas. Si se vuelve adicto, es su culpa. Puede elegir ser un promiscuo sexual, si contrae una enfermedad es su culpa. Dios dice: “Sí, no me gustaría que tuvieras este dolor, pero es parte del paquete que viene con la libre voluntad”.

Dios no solamente le da un libre albedrío, sino que se lo da a todos. Algunas veces alguien no hace lo correcto y usted es dañado como una víctima inocente. Hay personas que han sido dañadas profundamente por un padre, un ex cónyuge, un maestro, un amigo, un pariente. Dios pudo haber evitado que recibiera esa herida. Todo lo que hubiera tenido que hacer era quitarle el libre albedrío a esa persona para que no hiciera lo incorrecto. Pero si él hubiera hecho eso, para ser justo, tendría que haberle quitado
a usted también su libre albedrío. ¿Ve el dilema? El problema es que al tener una voluntad libre somos bendecidos, pero también tenemos una responsabilidad. Y Dios dice: “No voy a pasar por sobre tu voluntad”. Dios no envía a nadie al infierno; usted elige ir allí al rechazar todo lo que él ofrece. Él dice: “Te amo, quiero que seas parte de mi familia”. Pero si usted dice: “Olvídalo Dios”, levanta su nariz y abre la puerta y sale, no puede culpar a nadie más que a usted mismo. Tenemos libre albedrío.


2. Él usa el dolor para atraer nuestra atención. Dios emplea el dolor para atraer nuestra atención. El dolor es una luz de advertencia, una alarma, un timbre. Dice: “Es tiempo, algo está mal”. El problema no es su dolor. Su depresión, su ansiedad, su temor no son realmente su problema. Esos sentimientos son una luz de advertencia que dicen que hay algo más que es en verdad su problema. Son sencillamente un síntoma del mismo. El dolor no hace otra cosa que decir que algo está mal en su vida. El dolor es el megáfono de Dios. Dios nos susurra durante nuestro gozo pero nos grita en nuestro dolor. ¡Despierta! Algo está mal. Proverbios 20:30 dice: “Algunas veces tiene que suceder algo doloroso para cambiar nuestros caminos”. No cambiamos cuando vemos la luz pero sí cuando sentimos el calor.
Pablo dice en 2 Corintios 7:9: “Me alegro; no por la tristeza que les causó, sino porque esa tristeza los hizo volverse a Dios”.


3. Él usa el dolor para enseñarnos a depender de él. Mire el ejemplo de Pablo en 2 Corintios 1:8-10: “Estábamos tan agobiados bajo tanta presión, que hasta perdimos la esperanza de salir con vida ... Pero eso sucedió para que no confiáramos en nosotros mismos sino en Dios ... El nos libró y ... seguirá librándonos”. Usted no sabe que Dios es todo lo que necesita hasta que lo único que le queda es Dios. Cuando lo ha perdido todo y todo se desmorona, no sabe que Dios es todo lo que necesita hasta que se
da cuenta de que él es todo lo que tiene. Y si nunca ha tenido un problema, nunca sabrá que Dios puede resolver sus problemas. Dios permite que el dolor le enseñe a depender de él. El Salmo 119:71 dice: “Me hizo bien haber sido humillado, pues así aprendí tus leyes”. La verdad es que algunas cosas solamente las aprendemos por medio del dolor. Es el único camino por el que aprendemos.


4. Él permite que el dolor me dé un ministerio para otros. Dios permite el dolor en mi vida para darme un ministerio para otros. Me hace humilde, simpático, sensitivo a las necesidades de los demás. De esto trata el Paso 8. Rindo mi vida a Dios para ayudar a otros. (todos los 8 pasos los encuentra en este mismo blog en las ultimas entradas) La verdad es que el dolor prepara para el servicio. 2 Corintios 1:3-4 dice:
“Dios ... nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que con el mismo consuelo que de Dios hemos recibido, también nosotros podamos consolar a todos los que sufren”. En alguna etapa de nuestras vidas, todos necesitamos algún tipo de recuperación:
¿Quién mejor que alguien que ha luchado con el alcoholismo para ayudar a un alcohólico? ¿Quién puede ayudar mejor a alguien que está tratando con el dolor del abuso que alguien que fue abusado? ¿Quién mejor que alguien que ha perdido su trabajo y ha tenido que declararse en bancarrota para ayudar a alguien que también está pasando por esto?
Dios puede usar y reciclar el dolor en su vida para ayudar a otros, pero tiene que estar abierto a eso y ser honesto. Si guarda esa herida que tiene para usted mismo, estará desperdiciando la oportunidad que Dios le ofrece.

¿CÓMO USAR MI DOLOR PARA AYUDAR A OTROS?







Necesita hacer una lista de todas las experiencias que ha tenido en la vida hasta este día, hayan sido buenas o malas, las haya causado usted o no. Una vez hecha la lista, pregúntese: “¿Qué aprendí de esa experiencia? ¿En qué forma me ayudó Dios a pasar por ese tiempo difícil?” Pregúntele a Dios: “¿Cómo me ayudaste durante ese tiempo difícil?” Luego escriba esa historia. ¿Por qué? Porque los pensamientos se ordenan cuando pasan a través de los labios y los dedos. Escríbalo. Luego, pregúntese: “¿Quién se podría beneficiar más al escuchar mi testimonio?” La respuesta es: Las personas que están pasando en este momento por lo que usted ya pasó, las personas que están un poco atrás de usted en el proceso. Y usted le dice a Dios: “Estoy disponible”. Entonces esté listo. Porque si usted está listo a compartir las buenas nuevas de Dios acerca de cómo él ha trabajado en su vida, Dios lo va a usar. Hay personas por
todo este mundo que necesitan escuchar su historia, que están atravesando lo que usted ya experimentó.
Algunas veces Dios quiere que usted tome la iniciativa. Esto se llama intervención.

Gálatas 6:1-2 dice: “Si alguien es sorprendido en pecado, ustedes que son espirituales deben restaurarlo con una actitud humilde. Pero cuídese cada uno, porque también puede ser tentado. Ayúdense unos a otros a llevar sus cargas, y así cumplirán la ley de Cristo”. Esto no es una sugerencia, sino un mandato. Dios no dice, “Sería una buena idea restaurar otros”, sino dice: “Hazlo”. Si usted es un creyente, debe
compartir los problemas y dificultades con otras personas. Repito, es un mandato. Si no lo está haciendo, no está obedeciendo a Dios.
He aquí tres sugerencias para cuando vaya a compartir su historia. Recuerde, usted tiene una historia que contar y Dios no quiere desperdiciar la herida, los problemas que ha tenido:

1. Sea humilde. Todos estamos en el mismo bote. Todos somos compañeros de lucha. Cuando comparte su historia, cuando testifica, es básicamente un mendigo diciéndole a otro mendigo dónde encontrar pan. sea humilde y diga: “Todos estamos juntos en esto; esto es lo que me pasó a mí”.

2. Sea auténtico. Sea honesto con respecto a sus heridas y fallas. Usted ayuda a otros siendo honesto con respecto a sus heridas. Eso les ayuda a ellos para ser francos. Otro aspecto asombroso es que cuando usted comparte su historia, esto le da esperanza a ellos y sanidad a usted.
Cada vez que comparte su historia con alguien, se hace un poco más fuerte. Es sanado un poco más. Comienza a crecer.

3. No dé un sermón. Solamente comparta su historia. Dios desea que usted sea un testigo, no un abogado defensor. No discuta con nadie con respecto al cielo. No obligue a nadie a ir al cielo. Solamente comparta. Es lo que me sucedió a mí.


Deseo desafiarle a dar estos cuatro pasos de acción:

1. Si todavía no ha comprometido su vida con Jesucristo, hágalo hoy. ¿Qué está esperando? La tragedia más grande sería que usted fuera por todo el camino a través de esta serie, escuchara estas grandes verdades y la esperanza que ellas traen, y no hiciera nada al respecto, como cruzar la línea y entregar su vida a Cristo. Si no lo ha hecho, hágalo hoy.

2. Escriba su historia. Dedique algo de tiempo para sentarse y meditar en lo que Dios ha hecho en su vida, en lo bueno, lo malo y lo feo, y en cómo él puede usar eso para ayudar a otros.

3. Comprométase con la familia de alguna iglesia para obtener apoyo. La asistencia no es suficiente para la recuperación. Esta requiere compromiso y requiere relacionarse con otros.

4. Pídale a Dios que le dé a alguien para compartir su historia, alguien a quien pueda contar las buenas nuevas de cómo Dios puede hacer la diferencia en la vida de una persona. El mundo está lleno de gente que necesita su historia, y si no la cuenta, ¿dónde la van a escuchar? Usted es la única Biblia que algunas personas van a poder leer. }